AYLAN O CÓMO PERDER LA FE

AYLAN O CÓMO PERDER LA FE

¿Por qué? Qué noble y, al mismo tiempo, indómita pregunta con una difícilmente hallable respuesta. Pero no me importa; porque quiero hacerla, porque estoy dispuesto a preguntármelo a mí mismo, para empezar, y más tarde hacérsela a quien tiene los medios y no llega a ningún fin; porque es necesario preguntarse esto en un momento crucial de la "supervivencia" de este continente, o al menos de las instituciones que lo controlan, y, sobre todo, de la supervivencia de las conciencias de sus ciudadanos, o al menos de los que ni siquiera se dignan a hacerse esta pregunta -que espero sean pocos-.

Es por ello que empiezo con esta pregunta, la primera de muchas que voy a ir planteando a lo largo y ancho de estas líneas, y que ansío que se conviertan también en las vuestras, en las de todos los que quieran leer esto y hagan caso, atiendan y presten atención a lo que significan -algo que muy pocas veces se hace-.

¿Qué somos? Nos lo hemos preguntado desde el inicio de nuestra existencia con múltiples, diversas, disparatadas, poéticas, filosóficas y cualquier adjetivo que se le quiera poner a las respuestas que se han aportado durante todos estos milenios que cargan nuestras espaldas.
¿De dónde venimos? Otra de las cuestiones que nos hacemos y que va pareja a la anterior y a otra que tiene un sentido último a esta que se plantea: ¿a dónde vamos? De igualmente difícil contestación.
Sin embargo, estas tres preguntas, que ahora recuerdo y dispongo a la reflexión, es la que durante años, y con mucha mayor razón que la filosófica de la humanidad, se llevan haciendo las millones y millones de personas, familias enteras en la mayoría de los casos, que vagan por el mundo buscando un hogar, que no sea destruido por bombas,  donde vivir -repito: ¡vivir!- con sus seres queridos.
Hablo en general sobre este tema porque, aunque ahora está en boca de todos los miles de refugiados que llegan al continente europeo desde zonas de Oriente Próximo, sobre todo Siria, este problema no solo se concentra en esa zona, sino que es una situación que se extiende por todo el mundo; zonas en continua guerra de África, América del Sur o Asia, donde la gente no puede estar en paz porque otras personas tratan de conquistar esa tierra y obtener un poder que no deben tener.

¿Cuándo empezó todo esto? Cuándo empezó la guerra, os preguntaréis; fácil contestación, difícil solución, puesto que empezó cuando empezó todo, y acabará cuando acabe todo. La guerra empieza cuando se crea su creador: el hombre. El hombre, un animal sin solución.
Siempre ha habido guerra; lo raro sería encontrar un momento de paz en toda nuestra Historia. Irónicamente, la zona donde se originó la vida humana, África, es donde menos se demuestra esa evolución; y la zona donde surgieron las sociedades complejas, Oriente Próximo, es donde menos se demuestra esa complejidad humana, así como la zona donde hay posibilidades de que se ponga fin a estas sociedades, aunque esperemos que no sea la zona donde se ponga fin a la vida humana. Aun así, y aunque sea muy pesimista, esta última consecuencia sería la única solución.

¿Por qué hay guerra? El hombre lucha por muchas razones; tal vez una de ellas sea, simplemente, porque somos eso mismo, hombres, y está en nuestra naturaleza: homo homini lupus. Tenemos sed de violencia, y de manera gratuita, aunque luego el precio que pagamos sea muy caro. A su vez, si no hay justificación para luchar, se busca: el poder, la ambición, la venganza, la búsqueda de espacios más grandes de desarrollo, y muchos más etcéteras interminables por el momento.
Solamente hay que hacer un breve resumen a la Historia del hombre. Y ni siquiera a toda, solamente a la más reciente: en un siglo, dos guerras mundiales, y, cuando se acabaron, una Guerra Fría, en la cual se dispusieron las bases del Nuevo Orden Mundial de la situación bélica actual. Me quiero expresar bien en este último caso porque es de vital importancia que se me entienda, porque lo que estamos viviendo ahora es la consecuencia de unas actuaciones que se llevaron a cabo hace poco menos de medio siglo.
Cuando Estados Unidos y la URSS eran los líderes del mundo se lo repartieron -sí, sí, como lo estáis viendo: se repartieron el mundo y sus habitantes como piezas de ajedrez en una partida mortal-. Tejieron sus influencias por todos y cada uno de los países existentes en la época, crearon otros, eliminaron algunos y dividieron el resto (como Alemania). Todo ello llevaría a que, cuando la URSS desapareció, todas estas acciones trajeron sus consecuencias: Estados Unidos ya no tenía peligros para actuar en otros países y los dejaron actuar a su aire, aunque sin ayudarles a reestructurarles, por lo que el caos que dejaron allí trajeron revoluciones y guerras que aún duran: Oriente Próximo es el mejor ejemplo, donde el petróleo fue la mejor excusa para intervenir en todos estos países durante décadas y décadas, cambiando gobiernos a su antojo, apoyando grupos terroristas, que más tarde serían enemigos, y cualquier acto con tal de tener el control sobre ellos -Sangre por petróleo. ¿Os suena?-.

¿Actúan, entonces, ahora por enmendarse? Perdonad que me ría en un asunto tan serio, pero... ¿Creéis en serio en ello? Veréis, cuando a Gorbachov le dieron el Premio Nobel de la Paz se lo entregaron por su intento serio de ayudar a la humanidad a dar media vuelta en una carrera que la estaba llevando al abismo. Mientras Reagan ganó la Guerra Fría, Gorbachov ganó la amistad, apoyo y admiración de toda la humanidad –incluyéndome a mí-, excepto en su país. Sin embargo, el daño ya estaba hecho, y la larga sombra de ello aún perdura, no solo en los países donde se hizo, sino en la propia conciencia del país originario de este daño: Estados Unidos, el cual siguió interviniendo en todo aquel país donde no se jugaba el mismo juego que ellos querían.
Es curioso, sin embargo, que intervengan en muchas guerras en las que nadie les ha pedido entrar -algunas incluso las inician ellos-, pero luego nunca hacen nada en otras a las que el mundo entero les pide que acaben con ellas. O ya no eso, sino que obliguen a todo el mundo a hacer lo que ellos hacen, y luego en crisis como la de Grecia -de sentido económico y también humanitario- ni siquiera abran la boca.
No obstante, esto ya es habitual -me viene a la cabeza un viejo chiste que me contó un profesor hace un par de años: ¿cuál es el país que avisa antes de asustar? EE... ¡UU! Aunque pensándolo bien, Estados Unidos nunca avisa antes de asustar, y eso que ya tiene experiencia asustando-.

¿Sabéis qué estoy haciendo ahora? Informarme; hacer algo de lo que muchos no pueden presumir: hablar sabiendo de lo que se habla. Estaré errado en muchas cosas, y lo admito, porque aún soy joven e inexperto, pero aun así quiero hablar y saber, opinar y aprender...
La guerra siria ya ha causado graves problemas humanitarios dentro y fuera del país. Sin contar las incontables muertes, la guerra ha llevado a cientos de miles de personas a abandonar sus casas: dentro del país el número de desplazados roza los 7 millones (5,5 millones son niños), y fuera de Siria los refugiados suman ya más de 3 millones, un millón fueron refugiados en el Líbano en 2014 -todo ello son datos de ACNUR, la Agencia de la ONU de Refugiados-. Un auténtico drama, y, sin embargo, cuando los refugiados llegan a Europa, aunque aún no alcancen estas terribles cifras, los dirigentes de los países europeos tiemblan injustificablemente.
Para hacernos una idea: hasta ahora son 330.000 las personas que han llegado hasta el continente europeo. La mayoría trata de llegar a Alemania, lógicamente, porque es el país más desarrollado en estos momentos en Europa. Menos mal que, por el momento, la todopoderosísima Merkel hace todo lo posible, incluso peleándose con sus socios, para acoger a los refugiados que van llegando -por primera vez digo: gracias, Angela-. Sin embargo, mientras que otros países, como Grecia, cuya situación es francamente infrahumana, hacen todo lo posible por acoger a todas las personas -porque recordemos que son personas- que su economía puede, Austria, cuya desarrollo está por encima de Grecia, anuncia que pronto cerrará las fronteras: ¿lógico?; ¿humanitario? En fin...

¿Cuándo pensamos en estos asuntos? Cuando únicamente los vemos a las puertas de nuestros hogares; cuando vemos cómo nos pueden afectar en nuestras vidas, en nuestras economías -todo gira en torno al poderoso caballero-; cuando realmente, a pesar de que es un problema continuado, solo lo anuncian en los medios de comunicación.
¿Cuánta atención le prestamos? Diez minutos en los debates políticos y quince en los telediarios, poco más. Después de ello volvemos a temas "más importantes" como los fichajes del Real Madrid; la última película de Pedro Almodóvar; que se nos queman las lentejas; ese pantalón que no combina con esa camisa o cualquiera de los trágicos contratiempos que asolan nuestras ajetreadas y trascendentales vidas, mientras las de otros están en verdadero peligro.
No obstante, yo soy el primero en juzgarme, en escribir sobre este asunto cuando lleva años sucediendo; el primero en criticar que solo me interese por este problema cuando sale día sí día también en la televisión; el primero en valorar la importancia de este asunto cuando realmente abro los ojos para verlo; el primero en dejar de hablarlo cuando dejen de hablarlo los demás medios. Sin embargo, que sirva esto para abrir los ojos de los demás; que valgan estas líneas para atestiguarlo, para que no se pierda en el olvido, para recordárnoslo y aunque no hablemos más de ello, al menos hagamos algo para reducir su efecto -donar, ser voluntario, participar en actos; cualquier cosa, por poca que parezca, es un mundo para estas familias-.

¿Por qué escribo esto varios días después? La imagen de Aylan ha perturbado mi conciencia y me ha conducido a escribir esta... ¿Epístola? Para redactar este... ¿Artículo? Da igual como lo llaméis; va dirigido a todos vosotros -a mí, como ya he dicho, el primero-. Y si lo he publicado días después de lo sucedido, una vez pasado un fin de semana entero -para los refugiados, interminable, lleno de innumerables problemas; para nosotros, quién sabe si lleno de trabajo o de fiesta- ha sido para comprobar si aún nos acordamos de este asunto, de aquella foto de un niño tumbado sobre la arena de una playa sin ningún signo de vida; para comprobar si aún se debatía sobre cómo afrontar el problema.
Es cierto que varios dirigentes, como David Cameron o nuestro querido Rajoy, han admitido que harán todo lo posible para acoger al máximo de personas posibles tras ver la foto de Aylan -es vergonzoso que tenga que ser un niño fallecido el que despierte un poco de humanidad en nosotros-. Sin embargo, todo está por ver, puesto que mientras unos dicen 'ayudaremos', otros –no quiero nombrar a nadie y menos a Xavier García Albiol- pretenden 'limpiar' los pueblos de estas personas e incluso dejarles sin derechos como la sanidad. Menos mal que aún quedan comunidades, como Navarra o Aragón, hermanadas algunas con zonas de Oriente Próximo -al final todos somos hermanos-, que ya se han comprometido a acoger a estas familias.

Algunos os preguntareis: ¿a qué o a quién se refiere cuando pone la pérdida de fe? Cada uno que piense o crea en lo que quiera. Yo solo digo que, por el amor de Dios, de Alá, de Buda, del Karma -por su amor, recordemos antes de nada, se han cometido auténticas atrocidades con el fin de qué: ¿de poder, de un imperio, de una salvación? Dudo que se hayan ganado una parcela en el Paraíso quitándole a las personas sus parcelas en la Tierra a base de guerras-... ¡Da igual por qué amor lo hagáis! Pero, por favor, miradles a los ojos: son personas; son hombres, mujeres; son niños, ancianos; son personas... Hermanos, en definitiva.

¿Vale realmente la pena? No; no sé si he perdido la fe en Dios o en el hombre. Lo que sí sé es que esto no tiene ningún sentido: nunca se debería haber empezado, y, no sé por qué, algo me dice que nunca se va a acabar, porque los que pueden evitarlo no lo hacen.

¿Queda alguna pregunta más por hacer? Eso solo depende de vosotros. Ya lo he dicho antes: esta epístola o artículo o como lo queráis llamar va dirigido a todo aquel que quiera leerlo, entenderlo y recordarlo. No sé si queda alguna pregunta en el tintero -un tintero lleno de sangre-, pero he llegado a la conclusión de algo que he puesto antes: la pregunta de qué somos: somos personas, humanos, hermanos que, en vez de ayudarnos fraternalmente, nos estamos peleando por un regalo que nos han hecho nuestros padres (llamadlo Padre Dios o Madre Naturaleza, a vuestra elección).
Dejémonos de hacernos preguntas y hagamos algo... ¡Actuemos! Actuemos para evitar lo que vemos, para mejorar lo que tenemos y para conservar lo que consigamos... Actuemos por algo, lo que sea, pero por algo que sea beneficioso para todos... En definitiva, actuemos en vez de quedarnos en una profunda oscuridad, atónitos, temerosos, dudando -como aquel sabio diría- "viviendo vidas que ningún mortal se hubiera atrevido a vivir" -parafraseando a aquel sabio que lo dijo-.

Os lo pido de tal forma que me lo reiteréis a mí también para que no se me olvide que yo he de actuar del mismo modo, por nosotros, por Dios, por Aylan, por su hermano igualmente fallecido, por nuestros hermanos, por todos aquellos cuyos pies van donde va el corazón, por todos... ¡Actuemos!

No me llores, Helena

No me llores, Helena

Quién pudiera decir que en el país donde han nacido unas ideas tan valiosas como el poder del pueblo, fuera su propio pueblo quien tuviera la decisión de poder. Quién pudiera decir que en la tierra donde nació, en cierta manera -y con mucho cuidado de decir lo siguiente-, la propia Europa, fuera precisamente ésta quien se encargara y preocupara del cuidado del territorio donde nació. Sin embargo, esto es lo lógico, y lo lógico nunca es; la gente nunca decidirá sobre ella misma, y los hijos, cuando crecen, se olvidan de sus padres.

Esto mismo es lo que le está pasando a Grecia, una zona que siempre ha estado en una esquina, territorialmente hablando, aunque también en nuestros pensamientos y nuestra actitud hacia ella, y que, sin embargo, su importancia histórica ha sido tal que ya no queremos acordarnos de ella porque, claro está, si la recordáramos, nos perjudicaría. Eso precisamente quiero hacer en estas modestas, erradas y mediterráneas líneas: asustar, perjudicar y, sobre todo, recordar a Europa lo que significa Unión Europea, pero más que nada Unión.

Tal Odisea comienza por analizar la Historia de Grecia. Un ardua tarea, que intentaré simplificar, pero que conviene señalar por sus semejanzas relativas con lo que ocurre en la actualidad, y así lo pretendo demostrar: Las dos primeras y grandes civilizaciones europeas tuvieron lugar precisamente en lo que ahora se conoce como Grecia, la micénica y la minoica; en especial esta última, situada en la isla de Creta, la cual dominaba los mares, política y comercialmente, hasta que la civilización continental (micénica) acabó por dominarles -¡con el continente nos topamos!-. No obstante, para bien o para mal, paso a paso se forjó una civilización propia, con una cultura única y un pensamiento fascinante, que fueron extendiéndose progresivamente por el Mediterráneo. Sin embargo, la ambición persa que ya se había extendido por Asia vio en esta zona una importante localización de expansión. Griegos de diferentes zonas -los más famosos, los espartanos-, lucharon por la libertad de su pueblo; mas, finalmente, los persas los conquistaron. Aunque nunca se dieron por vencidos y, tras numerosas luchas, expulsaron al invasor persa definitivamente -¿se liberarán finalmente los griegos de este su nuevo invasor?-.

En esta época, Grecia seguía dividida en numerosos Estados que causaban luchas entre ellos por el dominio y la hegemonía helénica - una pequeña Europa que se disputaba el poder-, a pesar de que sería en estas pequeñas polis donde se gestara el origen de unos principios políticos que regirían el mundo occidental hasta la actualidad - políticos he dicho; puesto que los éticos no sé si prevalecieron-.  Sería un joven macedonio quien unificara, no solo Grecia, sino todo territorio que se extendía por Asia hasta la India, en su búsqueda, no de conquista y dominación, sino de unidad de los diversos pueblos y culturas -la suma de las partes a veces lo es todo-. Este sería el momento de mayor esplendor de la cultura helénica, cuya obra ejemplar es la Venus de Milo, y sería después de este período, y no durante él, como señalaba Plinio El Viejo, cuando "Cessavit [...] ars" ("el arte desapareció").

Tras ello volvemos nuevamente a siglos de ausencia de autodeterminación griega, primero con los romanos y más tarde con la invasión otomana, así como numerosas conquistas de los imperios francés y británico en sus diversas islas durante los siglos del imperialismo - un imperialismo que no sé si ha dejado de existir-. A pesar de ello, Grecia consiguió liberarse de los turcos a principios del siglo XIX... ¿Por cuánto tiempo fue libre? El mismo tiempo que duró la paz en el resto del continente: la Primera Guerra Mundial fue catastrófica para Grecia; peor sería la Segunda, en la cual Grecia fue conquistada y destruida brutalmente por el ejército nazi. ¡Qué bello sería decir que los Aliados (Gran Bretaña, la Unión Soviética y Estados Unidos) pretendían liberar a todos los países y dejarles en paz! ¡Qué fácil hubiera sido hacer eso! Pero más fácil fue hacer lo que hicieron: repartirse, literalmente, sus influencias; en el caso de Grecia, entre la URSS y Gran Brestaña, que llevaron a una guerra civil tan cruda que sus efectos traspasaron el tiempo, puesto que el Laocoonte ya lo representaba. Se podría decir que en Grecia comenzó la Guerra Fría; se podría decir que en Grecia comenzó todo.

Siento que todo lo anterior haya parecido una lección histórica aburrida, simple y más propia de las clases de instituto que de este espacio; pero era necesario empezar por el pasado para ver el presente de Grecia:

1 de enero de 1981, fecha que ningún heleno olvidará por ser su ingreso en la Comunidad Económica Europea -predecesora de la actual Unión Europea-, y en 2001 adoptó el euro. En todo este período, el país vivió un espectacular crecimiento debido a las inversiones de empresas del resto de países europeos, hasta que llegó la palabra protagonista del siglo XXI: la crisis. Pero en Grecia fue mucho peor, pues durante los gobiernos del partido de derechas Nueva Democracia, que se alternaban con los socialistas del PASOK, se ocultaron los verdaderos datos que sufría el país, causando un gran déficit público, numerosos recortes, un paro que rozaba el 30 % y unas consecuencias que se observaban en los numerosos suicidios que se podían ver en los informativos. Poco a poco el descontento se hacía patente en un pueblo que reacciona de forma muy expresiva ante los hechos y que, ante esta situación, hicieron llegar a su país una palabra que se escucha últimamente mucho en nuestro país y a la que le ponemos una "coleta": hicieron un cambio. SYRIZA, la coalición de izquierdas dirigida por Alexis Tsipras llegó al poder en 2015, con intenciones de cambiar la situación insostenible del pueblo griego, aunque Europa no se lo iba a poner tan fácil, entre otras cosas, porque por primera vez la dos palabras más usadas por el PP español tenían sentido en Grecia, y es la de "herencia recibida" que había sumido al país en una gran ruina y una ingente deuda con Europa que no se iba a pasar por alto, porque eso supondría ayudar sin recibir nada a cambio -¡qué locura!-. Las presiones, los recortes, la austeridad seguían; las criticas infundadas al pueblo griego iban en aumento (como todos los países del Mediterráneo los griegos no iban a ser menos vagos que el resto, según los del Norte), y las exigencias y préstamos debían ser correspondidos.

Finalmente, y con una gran lección de sangre fría por parte de los helenos, el Gobierno de Tsipras decidió realizar un referéndum para aprobar o no la política que le imponían los griegos. Y al séptimo día -de corralito-, el referéndum finalizó con un victorioso, y celebrado, al menos por una parte de Europa -yo entre ellos-, ΌΧΙ (NO) -un όχι que ya dijeron contra Alemania hace algo poco más de setenta años-, lo que significaba enfrentarse con valor a Merkel y sus discípulos. A ello se sumaba la inesperada dimisión del ya mítico ministro de Finanzas griego Varoufakis, según él para mejorar las negociaciones, según yo porque un día más con la Troika y sus puños iban a salir a pasear. Y después de esto, ¿qué preocupaba a los alemanes y al resto de Europa? ¿que los griegos podrían arruinarse? No. Solo pensaban en que Grecia podía acercarse a la "todotemerosa" Rusia. Tanto es así que el país de la libertad, Estados Unidos, que hasta este momento estaba en la sombra, ahora se preocupa por la situación de Grecia... -Vergonzoso-.

Pero, claro, ello no iba a quedar así: Alemania no lo iba a permitir; nadie lo iba a permitir y, finalmente, el όχι no sirvió de nada porque la sombra del roble es alargada: ayer, 15 de julio de 2015, fecha que los helenos jamás olvidarán, el Parlamento griego aprobó una ingente cantidad de reformas para que pudieran recibir su tercer rescate -¿a la tercera irá la vencida?-.

Y, ¿qué nos queda por decir? Lo mismo que nos queda por ver: todo. No sé si esto no ha hecho más que empezar o pronto acabará, pero Grecia se merece ya un descanso. Tan vergonzoso me parece el que Grecia solo salga de nuestros labios en estos momentos, como la actitud que estamos tomando ante este trágico protagonismo griego.

El otro día salía un reportero haciendo una conexión en directo desde Atenas: la puesta de escena era inmejorable, con el Partenón de fondo iluminado con unas tenues luces -la conexión era de noche-. Hasta ese momento no me había fijado, pero mi vista tornaba de perspectiva, ya que antes, cuando veía ese precioso edificio, ese símbolo heleno, veía  sus ruinas -cierto-, pero observaba casi embobado la belleza de ese edificio. Ahora no; ahora seguía siendo el símbolo griego, pero precisamente por sus ruinas: un edificio que, además, iluminado con esas luces nocturnas, parecía que se hundía en el infierno. De este mismo modo, otras obras, como el Laocoonte o la Venus de Milo, anteriormente mencionadas, las cuales siguen representando a Grecia, o más bien, en este caso a su pueblo, asfixiado por una serpiente o al que le han cortado los brazos y, por tanto, la posibilidad de actuar, de luchar, de decidir.

Yo aún no tengo suficiente autoridad para que mis ideas adquieran sensatez o tengan razón -entre otras cosas, porque dudo que, aunque tenga más edad y madurez, la adquieran mis opiniones-; por ello, me gustaría explicar todo esto con una simple, pero irrefutable idea, que me lleva diciendo varios años mi abuelo y que creo que debería ir a misa. Trataré de transcribirlo tal y como me lo dice él para que no pierda su lógica: "Alemania, durante dos Guerras Mundiales, trató de hacerse con toda Europa; ahora, esa misma Alemania ha conseguido, sin levantar una sola arma, salvo la económica, lo que con tanta sangre luchaba". Se puede, o mejor dicho, se debe decir más alto, pero no más claro: Alemania, ese país que perdió, se reconstruyó, luchó otra vez, se vengó, perdió, fue invadido, se dividió y se volvió a reconstruir desde cero -todo hay que decirlo-, ahora tiene el poder sobre todo el continente.

Esos "países del Norte", entre los que se encuentran Gran Bretaña, Noruega y, por supuesto, Alemania -e incluso Francia-, son trabajadores como ninguno -las cosas como... ¿son? ¿Acaso el resto de países no son trabajadores?-; son los más productivos: ¿por ello tienen el derecho de oprimir al resto? ¿No deberían, precisamente por esa riqueza, ayudar a los demás? No; al parecer ellos se lo han ganado y el resto no hacemos más que "hacer el vago" - si Angela Merkel me permite la expresión-. Es más, tienen el cuajo de llamarnos los 'PIGS' (acrónimo de Portugal, Italy, Greece, Spain en inglés), cuando, en realidad, son ellos los que al bajar a nuestros países se comportan como auténticos cerdos -las únicas palabras que se aprenden en nuestro idioma son "paella" y "fiesta"... No hay más que añadir, señoría-.

Si quieren dividir Europa entre Norte y Sur, que la dividan; por mí no hay ningún problema en que los países mediterráneos se apoyen: a veces no hay que ser tan serio, sino hacer algo más amena la política y la vida, en general, y esa actitud solo la tienen los del Sur, quienes, además, al parecer, podemos ser más "humanos" y "éticos" que el Norte.

A pesar de todo, tampoco me importaría seguir unidos, juntos y, sobre todo, revueltos; es más, a veces, los contrarios se atraen, y por ello les recomendaría ver la serie 'Allí Abajo', cuyos tópicos nacionales se pueden extrapolar a toda Europa, y el argumento podría también trasladarse, sobre todo, el final feliz.

No obstante, y en la espera de ver el futuro de Grecia y la evolución de Europa, solo me queda dejar una puerta abierta a la esperanza y acabar con una alabanza a Grecia, nuestra amiga, nuestra madre, nuestra hermana; una gran sufridora y una gran constante. Por eso, no puedo por más decir "no me llores, Helena, que la pena solo trae pena". Sé que no sirve de mucho, pues lo que están sufriendo solo lo pueden saber ellos; el resto solo son aproximaciones. A pesar de todo, "obras son amores" y si con esto consigo despertar, aunque solo sea, a unos pocos ciudadanos, ya será bastante, porque al menos pensamos en el pueblo griego, mientras que el Eurogrupo piensa más en los mercados, en el dinero, en el euro, en el capital, y en una infinidad de sinónimos monetarios que pretenden salvar a costa de la sangre, del sudor y de las lágrimas de los griegos, que en estos mismos "prójimos" suyos.


Yo, por mi parte, voy a ponerme por un momento en la piel de Kennedy, quien se consideraba un ciudadano alemán cuando visitó la ciudad de Berlín tras el levantamiento del muro soviético -algo que en esta ocasión ha sido levantado, entre otros, por Alemania, en Grecia-, y voy a decir algo que debería ser pronunciado por todos los europeos en estos momentos: Είμαι μια ελληνικά (por si alguien no entiende a los griegos significa: Yo soy un griego).

MI DISPUTADO VOTO

MI DISPUTADO VOTO

Y por fin me tocó. Tras una larga espera llegó mi turno, ya casi creía que era un engaño, porque parecía que nunca iba a llegar. La primera vez y la más difícil por ser la más grande e importante. Aunque todas los son, ésta cruza fronteras y por ello no había que tomárselo a la ligera, al menos desde mi modesta y reciente opinión.

Mis primeras elecciones –casi parece el título de un libro infantil, y más o menos esa ha sido mi actitud, ya que no he visto otra persona que le haya dedicado más tiempo y le haya dado más importancia que yo. He llegado a tener miedo de mi mismo-; aunque es verdad que he vivido muchas elecciones y muy diferentes, no había sido hasta este año cuando me han dado la oportunidad de ejercer la segunda característica de todo ciudadano –cuanto más me oigo, más me estoy sorprendiendo-, el deber. Todos tenemos derechos y hay que luchar por ellos en la calle y en la urna, con pancartas y con votos, y más aún en estas elecciones. ¿Por qué es en estas elecciones cuando más hace falta una lucha a través del voto?; ¿por qué hay que darle más importancia que a otras?; y algo principal, ¿por qué un joven votante como yo vive con tanto entusiasmo unas elecciones?
A la última pregunta solo puedo decir que me deis la opción de soñar hasta el último momento. Cuando abra los ojos, si es que hay que abrirlos, ya os daré la razón. Mientras tanto me tomo la libertad de coger con ganas un acto muy reciente, tanto para mí como para el resto de personas, porque no hace tanto como pensamos desde que tenemos la opción de elegir, a pesar de que esta práctica sí que la ejercían otras personas de países que parecían lejanos. ¿Quién de todos será el diferente?; ¿cuál de las dos caras de la moneda es la mejor, la del país que ya tenía la opción democrática desde hace tiempo y lo viven como si no fuera a haber otra o la de los ciudadanos que reclamaban este derechos durante décadas y una vez que ya han entrado en la crisis de los 40 sin ni siquiera haberlos aún cumplido?
Sin embargo, retomemos las primeras preguntas: la razón de la que haya que darle una mayor importancia a estas elecciones se debe al resultado de ellas, porque el parlamento que saldrá de estas impondrá la política que seguirá Europa y que puede mejorar la situación de los países y de las familias que en estos momentos viven una dura situación o acabar definitivamente con todo. Por ello, estas elecciones me han llevado a pensar el por qué votar una vez dentro del país y después para el resto del continente, ya que lo que digan estos últimos será lo que se establecerá dentro de las fronteras; para ello eliminamos el intermediario del presidente y directamente votamos a los dirigentes europeos, que básicamente hacen lo que “aconseja” el país germano. En definitiva, votemos a Angela Merkel –es un consejo del Ministerio de España, Gobierno de Alemania-.

Por ese motivo pienso que estas elecciones han sido tan importantes y por ello, porque de aquí sale el futuro de los europeos, de las familias, de nosotros, he querido compartir, con todo aquel que se atreva a leer estas palabras de un joven enloquecido y entusiasta, el largo recorrido que tuve que dar hasta llegar al final, al punto de partida de todo nuestro futuro, por ello quería que supierais mi particular camino a la libertad.
Todo esto comenzó hace unos meses; aunque, en realidad, ya lleva unas décadas funcionando, o al menos intentando hacerlo funcionar, yo no he tenido la oportunidad de vivirlo en primera persona, en la misma línea de batalla (nunca mejor dicho). Esta agigantada ilusión creo haberla tenido siempre, y la verdad es que no lo entiendo. Claro que es algo que no hay que tomárselo a la ligera ni con actitud burlesca, pero tampoco es necesario vivirlo como si la vida te fuera en ello, y casi me va en ello porque estoy tan eufórico que me va a dar algo. Recuerdo que cuando era más pequeño, hace seis o siete años, tuvieron lugar unas elecciones como otras cualquieras. En ellas se enfrentaban Zapatero y el actual ministro de España, Rajoy. Yo aún era un joven sin conciencia plena ni con intención de tenerla algún día, lo único que me motivaba era vivir en paz, disfrutar con mis amigos y, de vez en cuando, dormir (más o menos como ahora). Sin embargo, el día de las elecciones para mí ya era sagrado, desde los primeros especiales de la mañana donde salen imágenes de la jornada de reflexión del día anterior, así como recopilatorios de los mejores discursos y ataques de los contrincantes, hasta el recuento de votos. Este último momento del día me encantaba, disfrutaba como nadie lo hacía. Me sentaba en el sofá y no me despegaba de la televisión hasta que acababan (se cansaban antes los del escrutinio que yo; incluso pienso que contaban los votos únicamente para mi disfrute). Aquello era fantástico: las cifras subiendo, enfrentándose, amabas reñidas hasta el final y yo con la expectación y los nervios a flor de piel por saber quién sería el presidente (diré que venció Zapatero). También cabe destacar que mi abuelo era el encargado de llevar el recuento final de votos desde mi pueblo, Cedrillas, hasta Teruel capital (sí que existe), y yo le acompañaba en ese recorrido. Rodeado de esa tranquilidad, el viaje se me hacía demasiado corto, agarrando con todas mis fuerzas la carpeta que llevaba el resultado y que, al menos eso quiero creer, llevaban la parte decisiva que decidía quién de los dos candidatos iba a salir elegido. Así pues mi afición por las elecciones no sé si tiene alguna explicación lógica, lo que sí se es que aumenta con cada una que pasa y, si no sé los motivos por las que estaba deseando que llegara el momento de que me convocarán para votar, al menos sí quiero conocer las razones por las que voto a uno y no a otro, y esta larga reflexión, la primera de muchas otras que vendrán (al menos eso espero), me han llevado a pasar unas semanas de duro trabajo y largas listas de pros y contras (curiosamente siempre había más de lo segundo).

Así pues voy a intentar relataros, intentando no ponerle demasiado entusiasmo y dejando a un lado lo que parece locura electoral, cómo viví yo estas elecciones, las más importantes a mi parecer, ya que en ellas se decidía el futuro de Europa, y a su vez unas elecciones muy difíciles (yo no pensaba que elegir costara tanto), debido a la cantidad de partidos que había; -<<cada día aparecía uno nuevo>>, pensaba-.
Esta historia comenzó, más o menos, el día en que comenzaron a aparecer, sigilosa y moderadamente, anuncios de las elecciones que se celebrarían en toda Europa. Yo en ese momento no le di demasiada importancia, porque aún no tenía derecho a votar, aunque me quedara poco, y no pensé que en ésta sí que iba a participar. No obstante, conforme se iban acercando los meses, también se acumulaban los años en mí, y en este punto, y con casi dos décadas acumuladas en mi carnet de identidad (perdonad si le pongo más exageración de la necesaria), las cosas se ven de otra manera: existe más responsabilidad, ya se me permite hacer lo prohibido (aunque aconsejan moderación), se me acumulan los deberes y veo con más respeto los derechos, y así una larga lista de razones por las que amar y odiar por igual esa frágil barrera de la mayoría de edad, en la que no sabes por qué sigues siendo joven, pero legalmente te tratan como a un adulto.
De esta manera llegó el mes decisivo, apenas faltaban tres semanas, las últimas para acabar, para llegar al final; sin embargo no solo estoy hablando del mes de las elecciones, sino también de las semanas más importantes del último curso que iba a pasar en el instituto, ese punto en el que te lo juegas todo para avanzar o para detenerte un poco más. Los que hayan vivido este mes me comprenderán, los que se atrevan a pasar el tiempo leyendo estas líneas torcidas mientras a su vez tengan los exámenes a los que me refiero y con los que te salen canas les deseo buena suerte (la necesitareis), y aquellos a los que todavía les falte un poco para alcanzar este curso… bueno, a ellos solo les puedo decir que no es por asustaros, pero coger un libro de santos y escoger a uno para rezarle todos los días. A causa de estos cuatro exámenes diarios, no pude prestarle toda mi atención a las elecciones, y no fue hasta la última semana antes de las elecciones cuando le dedique tiempo, a las elecciones y a descansar.

Comencé por algo fácil, prestando atención a los comentarios que los periodistas y demás críticos hacían de los candidatos; sin embargo, esta fuente de información no era muy de fiar, porque cada uno tira a casa y no sé quién dice la verdad y cuál de ellos no miente. Cuando acabé defraudado de los gritos y demás palabros que he aprendido gracias a estos debates diarios, me decidí por una fuente que confiaba y sabía que iba a ser más fiable: los debates electorales (o como me gusta llamarles: el tú la llevas). Un auténtico espectáculo donde existe un elemento sorpresa… ¿La verdad? No, aún no estamos preparados para tanta emoción. No, la verdadera particularidad de estos debates es el adivinado azar. Todo en ellos es sorpresivo, desde sus anticipados pactos que se saltan a la torera, sus palabras totalmente esperadas, pero dichas con una impresionante demagogia, y por supuesto el particular “tú más” y el “yo mejor”. Ambos candidatos tiran balones fuera, aunque ya hayan prometido no hablar de esos temas, y luego tiran cada uno a su casa, y al final, todos hablan de manera elocuente  (al menos lo recitan de memoria, algunos simplemente lo leen) y acabas quedándote igual, sin saber quién dice la verdad y… Un momento, esto me suena de algo. Por cierto, no solo los representantes de los dos grandes partidos tienen un minuto de gloria, los partidos pequeños, pero con representación, también tienen su oportunidad de decir “todos lo hacen mal”. Al final de la semana acabé agotado, porque lo único que saqué en claro era que ninguno de los partidos políticos hacen las cosas bien, preguntándote, ¿hacen falta unas elecciones para darse cuenta de eso?
Por supuesto no quiero poner una nube negra en la política, sé que no todo es malo y que aún hay que confiar en que existan políticos buenos. Es por ello por lo que le pongo tanta pasión a las elecciones, confiando que de ellas salga un nuevo presidente que transite a algo mejor, merecedor de ser un nuevo ejemplo a seguir (si es que eso es posible).

Finalmente, me puse a leer una por una la propaganda electoral y buscar el pensamiento y los objetivos de los numerosos partidos políticos recién creados y de los que no me llegó ninguna carta. A pesar de todo, no pensé que se me iba a hacer tan duro, y casi agradecí que de esos partidos pequeños no me enviaran nada porque aún así fueron demasiadas cartas. Comencé con ilusión y me encerré en mi habitación para leer todo con tranquilidad; sin embargo, y como ya he dicho, no era lo único que tenía que hacer, y en un lado del escritorio coloqué la gran torre de propaganda y en el otro lado una segunda torre, esta vez de trabajo personal, el último en el instituto, pero el más abundante. Lo tenía claro, primero el deber de estudiante y el segundo, pero no por ello menos importante, el deber como recién ciudadano. Así, acabé todo el trabajo y me dejé para el día siguiente la política. Como el día anterior, quería un ambiente de completa paz, sin nada que me influenciara, y me fui al comedor. Cerré las puertas y coloqué todas las cartas sobre la mesa… 1 2 3 4 5… Aquello no acababa nunca… 6 7 8 9 10… ¿me habré dejado alguna?... En definitiva, aquello ya no era una mesa, entre otras cosas porque no se veía. Eran decenas de cartas flotando en un mar de dudas. Comencé a abrirlas y a leerlas, aunque todas decían más o menos lo mismo; lo mismo que dicen siempre, lo mismo que nunca hacen.
Lo que más me chocaba eran sus eslóganes: unos son ludópatas, y hasta tanto llega su obsesión que su apuesta, lo que ponen en juego para seguir en la mesa, es nada más y nada menos que el futuro; otros, sin embargo, me dicen que soy yo el que muevo Europa, y tienen razón, porque si han de ser ellos… Tienen claro que unidos se consigue hacer fuerza, y afirman con rotundidad que podemos con cualquier cosa.
Entre estos métodos para convencer quiero destacar una anécdota que tuvo lugar pocos días antes de las elecciones. A la salida de mi instituto llegaron un día un grupo de personas en una furgoneta sin ningún tipo de pancarta o símbolo de ningún partido. De ella se bajaron un par de personas que desplegaron en la acera una mesa sobre la que pusieron panfletos y la lista de los candidatos de su partido. De momento todo normal. La particularidad llegó cuando, al pasar delante de ellos, y tras darme uno de esos panfletos, sacaron de una caja que estaba dentro de la furgoneta un bocadillo de chorizo. << ¡Qué bonita metáfora! >>, pensé.

Así pues, y casi sin darme cuenta, llegó el fin de semana, y por si no fueran bastantes las coincidencias, esos mismos días se celebraban en mi pueblo las fiestas en honor a Santa Quiteria (la santa a la que yo me encomendé al empezar el curso). Por lo que tuve mucho menos tiempo para pensar en las elecciones, ni siquiera para simplemente pensar. Y de repente llegó la jornada de reflexión que, cómo no, también coincidían, junto con las fiestas, con la final de la Copa de Europa de fútbol entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid (como comprenderéis, entre los gritos y las celebraciones no tuve tiempo de reflexionar mucho). Pero todo llega a su fin, y cuando acaba una cosa empieza otra, llegando así el gran día, el decisivo, el último. Esa mañana me levanté temprano (no sé cómo) y empecé a repasar de nuevo todos los partidos, todas sus palabras, todo el futuro. Entre hojas y hojas retumbaba el eterno, constante y agobiante péndulo del tiempo… tictac… No sé a cuál, cuál será mejor… tictac… Éste; no, mejor éste… tictac… Ninguno, tal vez todos... tictac...
Al final, la decisión no iba a llegar entre esas cuatro paredes, así que decidí emprender mi marcha hacia el colegio electoral, y durante el camino reflexionar durante los últimos minutos lo que no había podido hacer en semanas. Salí de casa decidido y me puse la chaqueta, porque aunque no hacía frío, el cielo rezaba nubes negras que apenas dejaban pasar unos débiles rayos de sol, enmarcando un precioso paisaje que no pude disfrutar en esos momentos. Alcancé la carretera mirando al cielo y preocupándome de que lloviera, aunque de momento no lo parecía, y emprendí mi marcha y mi juicio final. Al fondo sobresalían un par de grúas de un pasado trágico que construyó un presente negro, por lo que miré al frente, al futuro. El paso era firme y decidido, aunque mi decisión aún no llegaba. En ese momento recordé los comentarios que en las últimas semanas había escuchado de muchas personas que decían que iban a votar a un candidato que se llamaba “Señor Blanco”. Después de repasar varias veces la propaganda no logré encontrar a ese hombre, aunque todos ponían su confianza y su voto en blanco. Pasé por al lado de un local que de pequeño, recordaba, siempre estaba lleno, y ahora tenía un cartel de “se alquila” (éste se encontraba en frente de la Iglesia del pueblo). Tras unos pocos pasos llegué a la plaza del pueblo, el centro de la vida de los paisanos del pueblo. Allí se encontraba el museo, donde se hallaba el colegio electoral;  <<¡Qué ácida metáfora!>>, pensaba. Entré decidido y me dirigí a la mesa que estaba cubierta por todos y cada uno de los partidos que se presentaban y de repente, tras echar una mirada rápida y recordar el pensamiento de cada uno de ello, lo decidí. Por fin lo tuve claro. Metí el panfleto en el sobre y me coloqué junto a la cola. Tras una breve espera, llegó mi turno; después de todo lo ocurrido casi pensaba que nunca me fuera a tocar. Saludé a los que allí estaban, charlé un poco con ellos sobre mi futuro (no podía existir otro lugar mejor para hablar de eso), y metieron mi voto en la urna; <<Urna rima con cuna y con tumba. De mi voto nacerá algo nuevo o morirá definitivamente lo que ya está>>, pensé... Eran las tres de tarde. Tal vez fue una coincidencia; yo prefiero pensar que fue el destino, para hacerlo en honor al hombre que hizo que todo esto fuera posible.

Salí del museo con el mismo paso firme que entré, aunque en vez de pensar qué hacer, ahora reflexionaba si con lo que hice, aprobaría o suspendería. Tras cerrar la puerta, me abroché la chaqueta y miré al cielo. Una pequeña gota me cayó a las gafas y se deslizó lentamente por el ojo y la mejilla: << ¿Será otra metáfora?>>.

SEÑOR PRESIDENTE...

SEÑOR PRESIDENTE…

No sé qué decir. Me faltan las palabras a la hora de dirigirme a usted, y aún así, tengo que ser yo, precisamente yo, perteneciente a una generación que no ha vivido de manera directa todo lo que usted hizo, el que se atreve a hacer esto. Es por ello por lo que no tenga en cuenta los errores y las imprudencias que pueda llegar a cometer. Son tres las preguntas que me están rondando la cabeza, y que, me supongo, serían las mismas que le sobrevolaron en su momento: ¿sabré hacerlo?; ¿por dónde empiezo?; ¿podré acabarlo?
Todavía sigo desconfiando de que esto esté pasando, de que realmente nos encontremos en esta situación. Jamás pensé que algún día tuviera que hacer lo que ahora me propongo, nunca se me pasó por la cabeza tener esta oportunidad. Creo que le están llamando, señor…

Faltan palabras para describir su vida y obra, y, a pesar de todo, eso es precisamente lo que, humildemente, me dispongo a hacer. Comenzaré pues por el principio, por sus orígenes en una familia humilde del pueblo castellano de Cebreros, creciendo en una España convulsa y dividida que necesitaba urgentemente un guía y un constructor que uniera los pedazos divididos de lo que antes fue; aunque en aquel momento nadie se podía parar a pensar que aquel joven abulense sería la persona del cambio. No obstante, en ese período de juventud, no creo que pudiera pensar en otra cosa que en vivir tranquilo con su familia, estar con sus amigos e intentar compaginarlo con los estudios. Pero ya en ese momento se podía entrever algunos rasgos que serían clave en su futuro, y, por tanto, en el futuro de este país. Son su carisma, su don para el liderazgo y la facilidad de la palabra las cualidades con las que fue accediendo poco a poco a diversos organismos, relacionándose con multitud de personas que le ayudarían a ir avanzando en el camino para llegar al objetivo que finalmente consiguió. Sin embargo, corríjame si me equivoco, de todas esas personas con las que mantuvo relación, una en especial marcó su vida personal y profesional, me refiero a Su Majestad el Rey don Juan Carlos I, con la que ha mantenido una relación de profunda colaboración y gran amistad. Ésta relación es clave para entender su labor, ya que fue él quien vio en usted la persona decisiva para realizar el cambio que este país necesitaba, a pesar de que no era una cara especialmente visible por aquel entonces; por ello le encargó una gran labor, la de poner punto y final a la etapa anterior y sentar las bases para levantar el país de las penumbras en las que llevaba ahogado durante cuarenta años… ocho hombres guían a un pueblo llorando… 
Disculpe si le pongo especial énfasis a partir de este periodo, pero jamás se le podrá agradecer lo suficiente lo que usted realizó. En este momento me viene al recuerdo una frase que usted pronunció: “Yo no tengo vocación de estar en la Historia”. A veces la vocación, al ser personal, choca con la realidad, y así queda demostrado, pues usted ya pertenece a la Historia, aunque no lo deseara. Se posicionó en una actitud neutral, olvidándose de su propio pensamiento, de sus propios intereses, para buscar la situación que más favorecería, no sólo a usted o a unas pocas personas, sino a todos y cada uno de los españoles. Tomó la palabra “democracia”, un término prácticamente desconocido en la España de su momento, estudió a fondo su significado, aunque ya lo tenía presente, y planificó perfectamente su establecimiento para un país que lo reclamaba urgentemente. Pero lo que más cabe destacar de esta actuación es, como ya le digo, la decisión, en mi opinión intachable, con la que pretendía establecer esta democracia, sin pensar en lo que anteriormente había en España… a sus hombros llevan algo portando… Esto es, una política de todos y para todos. Cuando se refería a todos, significaba todos. Por supuesto me estoy refiriendo a la legalización del Partido Comunista, algo que era casi considerado un pecado, pero necesario para que se constatara que ésta es una política razonable y completa. Se encontraba por tanto en medio de todo, y eso le trajo más de un disgusto, más de un susto y más de un reproche, reproches que ahora quedan eliminados de la opinión que se tiene de usted. Fue el que consiguió la unidad de esa España dividida; sin desfallecer, aún con todos los golpes que, en mi humilde e ignorante vista, eran injustos; con una única arma: la palabra, necesaria y ejemplar, y con una sensación de soledad muy irónica, ya que por intentar reunir y acercar a todos, no tuvo el apoyo de nadie, al final lo consiguió, y finalmente se aprobó la llamada Ley para la Reforma Política. En este momento me va a permitir que describa la imagen que resume perfectamente este éxito y que refleja las dificultades a las que se enfrentó. Tras ratificar la aprobación de esta ley, usted echó la vista hacia atrás, con cara de satisfacción, de descanso tras esa larga y dura travesía hasta llegar a este momento. Con este rostro de serenidad, la Transición quedó finalmente realizada; con una Constitución histórica, pues fue elaborada y aceptada por consenso de todos los partidos. Y en las primeras elecciones democráticas se le otorgó el justo reconocimiento tras la labor realizada, al ser elegido el primer Presidente democrático tras el franquismo. Sin embargo, la situación no le favorecía, la oposición a su gobierno fue muy dura, el terrorismo aumentaba y los sucesivos acontecimientos que tuvieron lugar durante su mandato propiciaron que dimitiera, aún demostrando que únicamente está en su pensamiento el progreso de los españoles, aunque eso suponga su marcha. Pero usted, por muchas dificultades que se le presentaran, siempre se mantuvo en pie; y un buen ejemplo fue el último día de su gobierno, lo sucedido ese terrible 23-F y su fantástica actuación, enfrentándose a los golpistas y permaneciendo impasible, con gran fortaleza… lo que se oye son salvas de dolor...

Es un ejemplo de un político, y sobre todo de una persona de carácter íntegro, fiel a sus ideas que correspondían a sus palabras y se demostraban con sus actos. Predicó con el ejemplo y por ello su imagen permanecerá siempre como un modelo de actuación, un hombre modelo. Siempre ligado a la gente sencilla, llana, mirando por las necesidades de los más necesitados y por lo que era justo y correcto.
Por todo ello no puedo decir más que gracias. Gracias de todo corazón, gracias por enseñarnos los valores clave de actuación, por ser el padre de lo que ahora somos, por aportar luz a un país en penumbra… Sigue aquí, capitán… 
Gracias por reunir palabra y actuación…

¿Por qué?... Usted tuvo el poder de prometer, prometió y a su vez actuó, algo que es digno de honrar… Sé que no queda mucho tiempo, pero me gustaría seguir… No. No puede ser… ¿Es cierto lo que están diciendo? No. No puedo creerlo… Señor, fue todo un placer… Ojalá tuviéramos más tiempo… Ya mis ojos me empiezan a fallar… 
No puede ser posible… Eran las tres de la tarde… Fue un hombre castellano, de conciencia tranquila, talante ejemplar y carácter cercano. No sé qué más decir de una persona cuyas actuaciones fueron su castigo y a la vez su más alta recompensa… ¿Se oyen ruidos ahí fuera?... Nacido en una tierra ahogada, pobre, cansada, en penumbra, necesaria de un suero que la levantara del pozo en el que bombas e hipocresía la habían metido… ¿Se tiene que ir ya?... Nada ni nadie le pararon los pies; el miedo era su fortaleza, el progreso era su objetivo, la diferencia era el motivo para la unidad, los ciudadanos somos sus herederos… Eran las tres de la tarde… Su religión era la de los pobres, actuó como predicaban, ayudando a todos por igual, pensando en ellos, dando todo a ellos; primero eran los demás, después le tocaba a usted… ¿Qué injusticia, no cree?... Los golpes nunca le detuvieron, mas le daban fuerzas; nunca reprochó nada a nadie, únicamente usó la palabra y el diálogo, pensó en reunir a todos para ayudar a todos; no fue culpa suya la respuesta que le dieron. Las actuaciones de las grandes personas solo se comprenden tras su marcha… ¿Realmente no es mentira?... Ser joven nunca ha sido un impedimento, menos aún para quien tiene tan claro lo que quiere hacer… ¿Está ocurriendo?...  A pesar de las enseñanzas de esa época, cambió balas por voz, sangre por tinta, tumbas por urnas, barrotes por derechos, represión por comprensión, el águila ya no custodiaba al hombre, sino que solo dos leones eran los protectores de la libertad… ¿Tengo que saber qué pasa?... se marcha el hombre, nos deja el legado…

Usted quiso combatir las injusticias y por ello fue injusto el trato hacia su persona; no le importó nada, su objetivo era claro, sus principios eran sólidos, sus pasos eran firmes, sus fuerzas no se agotaban y continuó hasta el final… Oigo su nombre entre sollozos... Entre escombros, sabía qué tenía que hacer, cómo hacerlo y por qué. No es difícil decir que su amor hacia este país y hacia sus habitantes fue inagotable, el reconocimiento de esta nación y de este pueblo será mínimo… No. Me niego a creerlo… Una cosa era lo que usted pensaba, otra cosa era lo que necesitaba España. Nunca actuó por su persona, era el bien general su único interés particular... No puede ser verdad... Nunca tuvo nada, tampoco quería nada más que lo que necesitara, y de la nada lo hizo todo… ¿Es necesario admitirlo?... Con una pluma negra, antes símbolo de opresión, firmó la libertad. Los ejemplos deben de ser imitados… Eran las tres de la tarde… Fue el primero, esperemos que no sea el último… ¿Por qué?... Hubo muchas piedras en el camino, cada una más grande, más dura; sin embargo, el coraje pisa con fuerza. Su voluntad fue su guía… ¿No se puede hacer nada para evitarlo?... No se le puede llamar ambición a querer ser partícipe de lo que uno mismo ha creado. Tuvo el valor de abandonar, nadie sale aunque se lo digan, porque pensaba que era lo mejor, no para él, sino, como siempre, para todos… Era de todos, ¿eran de usted?... No es fácil encontrar a nadie que piense en todos, estableciendo una estructura y unos valores contrarios con los que había crecido… Era normal la desconfianza, no lo tome en cuenta… ¿Aún es de día?... Sé que no le quedaba otra, no era partidario, pero era necesario para llegar a lo que era justo… Eran las tres de la tarde… Acercarse al enemigo para alejarse de su pensamiento… ¿Quiere descansar?... de su paso el pueblo se siente honrado…

En una España de blanco y negro, nace la luz de la esperanza… Eran las tres de la tarde… Cada uno tiraba hacia sí mismo, él se encontraba en el centro, frente a él opositores de todo tipo, en su mente estaba el pueblo… Es difícil… No. No puede ser… Ojalá llegue otro como usted; por desgracia, lo dudo… Me niego, es mentira… Las injusticias se hacen más fuertes con los más justos… Cierro los ojos, no hace falta que usted lo haga… ¿Aún lo escucha?… Sin querer fue usted un valiente escribidor de la Historia, las palabras que fueron hechos y ahora herencia… ¿Es ya la hora?... No tuvo oportunidad de descansar; tras el trabajo, llegaron las desgracias… Lo siento… La enfermedad, golpe injusto, innecesario… ¿Por qué?... Su imagen sigue viva, jamás se podrá esconder, nunca… No, por favor no… Fue el cambio, es el hombre, será el maestro… ¿Cuánto queda?... ¿Será posible seguir?... Es difícil, ya lo era, será aún más. Ojalá a partir de ahora le escuchen más… El ejemplo… El ejemplo debe de ser imitado… Es necesario…y su obra debemos continuar…

La espera se hizo muy larga, pero por fin llegó el hombre… No, no lo creo… Todo cambió con usted, todo a mejor… ¿Qué hora es?... Aún falta mucho… Ahora se vuelve a hacer la oscuridad hasta que aparezca su heredero, que solo se parezca, ser igual es imposible… Eran las tres de la tarde… Él  empatizaba con nosotros, no entiendo por qué nadie estaba a su lado… No se vaya, por favor… Empeño, lucha, sacrificio, firmeza,  fortaleza, entereza, honestidad, lealtad, justicia, libertad… ¿Es usted?... Un caballero entre los hombres… Siempre en pie, en contra de lo que no debía ser, de lo que se enfrentaba al progreso, siempre al lado del pueblo, al lado del bien… Es cierto, ¿verdad?... No. No, no puede ser; y aún así… Grandeza en sus actos, su actitud fue intachable... Siempre actuaba por y para la ley, objetivo justo… Transitar nunca es fácil, usted lo sabe, ahora lo vemos… ¿Por qué?... Ahora la ley es su destino, imposible negarla… Eran las tres de la tarde… El sueño de los justos ha llegado… Le noto cansado… La única batalla en la que no se puede desertar… Adiós, mi capitán…

A PEÑÓN FIJO


  A PEÑÓN FIJO

Dicen que el tiempo puede cambiar a las personas, su modo de pensar y sus actos; sin embargo, los ingleses tienen el privilegio de permanecer al margen del espacio y del tiempo sin que las consecuencias les alcancen.

El Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte –tan largo es su nombre como su contradictoria historia- ha sido uno de los países más poderosos del mundo, y toda su grandeza la ha conseguido a base de sangre, sudor y lágrimas; por supuesto, no las suyas, sino la de sus colonos. El que, en un principio, era un reino desquebrajado, pobre y lleno de enfermedades, se convirtió en la primera potencia mundial con la famosa Revolución Industrial, sin contar con su expansión por todos los continentes, cuyo máximo apogeo fue durante el siglo XIX.
Antes hablaba de la historia de Gran Bretaña como contradictoria sin equivocarme: Este país fue uno de los primeros en luchar por la libertad de los esclavos, pero, a la hora de la verdad, ha sido uno de las potencias esclavistas más grandes. Por otro lado, también ha sido pionero en la defensa de la libertad y los derechos humanos, asunto que olvidaba en cuanto ponía sus pies en un territorio que le interesaba; a su vez, castigó la expansión imperial alemana, causante de la Segunda Guerra Mundial, pero, por alguna extraña razón, su imperialismo estaba totalmente justificado.

Por supuesto, Gran Bretaña no ha sido la única en controlar y sobreexplotar los recursos de extensos territorios repartidos por todo el mundo. España también tuvo un gran imperio, un imperio sin noche, aunque con alguna que otra tiniebla, pues he de reconocer que los españoles también hemos dejado nuestra asoladora huella allá por donde pasábamos; sin embargo, hay algo que nos diferencia de los ingleses: si España hiciera lo que quisiese, sin límites, como Inglaterra, nos pararían los pies sin dudarlo, pero al tratarse del “niño mimado”, todo le es permitido.
Al igual que Inglaterra y España, hay una larga lista de países que han hecho, hacen, y, por desgracia, harán lo mismo, o cosas más crueles, por su prosperidad, a cambio del bien de los demás. Entre los que aparecen en esa lista, destaca, con mucha diferencia, Estados Unidos, quien ha intentado controlar el mundo a base de su vanidosa y natural predisposición por intervenir en guerras para evitar que otros controlaran lo que él quería –de tal palo tal astilla-. Finalmente, lo ha conseguido.
Pero, no se me puede olvidar hablar de la ONU (Organización de las Naciones Unidas), cuya misión es la de velar por la seguridad y la paz mundial –algo que me recuerda a la Sociedad de Naciones, organismo que desapareció por el fracaso de sus responsabilidades y la falta de igualdad de poder que tenían los diferentes países dentro del organismo-. Por el momento, la ONU ha durado más tiempo que su antecesor, aunque sigue habiendo mucha desigualdad en el organismo, y los conflictos entre países siguen siendo un problema desestabilizador del organismo.
Entre las competencias que tiene la ONU, se encuentra la descolonización, iniciada tras la Segunda Guerra Mundial, de la cuál se encarga el Comité de Descolonización. En la actualidad, quedan 17 territorios por descolonizar, 10 de ellos bajo soberanía inglesa. Por el momento, no creo que esos territorios adquieran autonomía de decisión, y menos aún si la mayor parte pertenecen a la privilegiada Albión. Entre estos territorios destacan, por su histórica tensión, las Islas Malvinas y el Peñón de Gibraltar, convirtiéndose en las “Joyas de la Corona”.

La tensión en las Islas Malvinas, reclamadas por Argentina, causó en 1982 la Guerra de las Malvinas, conflicto que a penas duró tres meses, pero que provocó centenares de muertos y miles de heridos. Tras la rendición de Argentina, Reino Unido recuperó su soberanía sobre las islas, y la ONU sigue sin decidir qué país debe tener el mando del territorio.
Por otra parte, se encuentra el Peñón de Gibraltar, territorio que España cedió a Reino Unido por el Tratado de Utrecht (1713) para alcanzar la paz por la Guerra de Sucesión Española (1701-1713). La tensión por este territorio ha estado presente desde la firma del Tratado; sin embargo, en los últimos meses ha adquirido mayor fuerza, coincidiendo con el 300 aniversario de la firma del tratado.
Algún día, con paciencia y tranquilidad, podría llegar a entender que, tres siglos después, Inglaterra, y otras muchas potencias, siga poseyendo colonias a lo largo y ancho del planeta, pero si el tiempo no logra borrar las posesiones territoriales de un país, tampoco debería borrar las firmas que llevaron a este país a controlar a un territorio y a sus gentes, sólo porque un sacrebleu se creyera testaferro del pueblo. Sin embargo, este contrato que se firmó hace trescientos años, al parecer, ha perdido su valor, pero no su legitimidad, pues Inglaterra sigue controlando el territorio a pesar de que está vulnerando los acuerdos del Tratado de Utrecht. El más importante, y por el que ha aumentado la tensión estos últimos meses es el artículo X. En él, se otorga a Gran Bretaña "la plena y entera propiedad de la ciudad y castillo de Gibraltar, juntamente con su puerto, defensas y fortaleza que le pertenecen, dando la dicha propiedad absolutamente para que la tenga y goce con entero derecho y para siempre, sin excepción ni impedimento alguno". Es decir, a Inglaterra se le concedió la soberanía del peñón, la ciudad y el puerto, pero estableciendo unos límites, tanto marítimos como terrestres. Estos límites pactados se han vulnerado, ya que los gibraltareños han lanzado bloques de hormigón al mar, aumentando el arrecife y perjudicando a los pescadores españoles de La Línea de la Concepción y Algeciras. Además, Gibraltar pretende construir en un espigón, con el que gana más terreno, un complejo turístico, infringiendo, nuevamente y por completo, el artículo X del Tratado de Utrecht.

No voy a opinar si Gibraltar es un patio de recreo, a pesar de que Inglaterra me recuerda al típico abusón que quita sin saber, por la ley del más fuerte, debido a que su lema es “culo veo, culo quiero”, y, por supuesto, no sabe para qué sirve ese culo, sólo lo quiere por ambición e inmadurez; un paraíso fiscal, del que buen hogar habrán hecho más de un político que yo me sé; o una tabacalera, al más puro estilo andorrano; lo que sí voy a juzgar es la falta de coherencia que tienen estos países a la hora de defender los términos “libertad”, “justicia” y “derechos”, porque sigo sin entender cómo es posible que, en pleno siglo XXI, aún existan territorios donde la gente siga bajo el control de un país cuyas palabras y actos son totalmente incompatibles.

Estas palabras no significan nada frente a la ambición y el egoísmo; sin embargo, las palabras son más valiosas que todo el oro y el poder que se puedan alcanzar. Tanto es así que en el momento en el que España más perdía, a su vez, más conseguía, porque cuando el sol de España empezaba a eclipsarse, el ingenio de la lengua castellana brillaba como nunca antes lo había hecho, y bien consiguió un siglo de perpetuo oro.
Así pues, al hablar de Inglaterra y de sus colonias, no puedo evitar recordar estas breves pero inmortales palabras: << ¡Ser o no ser, he ahí la cuestión!>>.

PARA MÁS INRI...


PARA MÁS INRI…
Se aprobó. La nueva ley educativa, tan conocida como enervante, entró en vigor hace poco menos de un mes y ya ha puesto en jaque otro de los “altares” del Partido Popular (el término de altar me parece correcto en el sentido de sacrificio, y no de adoración). La ley a la que hago referencia, por si alguien no la conoce, es la Ley Orgánica para la Mejora de la Calidad Educativa, también conocida como “Ley Wert” (no sé cuál de los dos términos irrita más, si el irónico o el alias).
Como todo contrato con el diablo tiene una letra pequeña, que, aprovechando la falta de conocimiento, no se nos permitió leer, esta ley no podía ser menos, y su aprobación ha supuesto la entrega de nuestra arma más poderosa en concepto de diezmos y primicias. Y los términos que se imponen, a base de fuego (un fuego que nunca nacerá en nuestras cabezas, sino en nuestras calles), son los siguientes (perdonad si me salto los tecnicismos y voy al grano que los impopulares pretenden evitar):
  •      Reválidas: Cada alumno tendrá que hacer un examen al finalizar Primaria, ESO y Bachillerato para pasar de grado. A su vez, se sustituye la selectividad por uno de estos exámenes. Pero esto no es tan sencillo como parece, pues si, durante la ESO o Bachillerato, se suspende uno de estos exámenes no se podrá pasar de curso; aún más, si el alumno suspendiera la prueba que se realiza a final de Bachillerato no pasará a la universidad sino que, si lo elige, irá a Formación Profesional. A esta elección se le suma la que los alumnos que finalizan la ESO deberán realizar para estudiar Bachillerato o Formación Profesional.
  •     Subvención estatal de los colegios privados catalanes: Con esta medida el Estado pretende ayudar a aquellos alumnos catalanes que quieran estudiar castellano y no puedan hacerlo en colegios públicos. Es una medida muy criticada por el alto contenido en contra de las lenguas autónomas y por la falta de ley, tanto que presumen de ella, que tiene el recorte sin precedentes que se realiza en la educación pública mientras se aporta dinero público a escuelas privadas.
  •    Las “asignaturas troncales” y las “asignaturas opcionales”: El Estado controlará el establecimiento de las “asignaturas troncales”, también denominadas como obligatorias. Estas asignaturas varían en cuanto al grado educativo. Así, en Primaria son Lengua, Idioma Extranjero, Matemáticas y Ciencias; mientras que en Secundaria son Biología y Geología, Geografía e Historia, Física y Química, y Economía.  En otras palabras, pretende reducir el gasto público a base de convertir España en un país, grande y libre; reduciendo, poco a poco, la autonomía de las comunidades.   
Las medidas anteriores tienen un carácter inusual y poco partícipe con las libertades y derechos que se hacen acopio en la Constitución que tanto presumen defender por el bien de los españoles; sin embargo, las medidas más “mezquinas” a las que hay que agradecer, por si hay algo que puede llamarse agradecimiento, por enseñarnos el verdadero carácter e ideología del Partido Popular son las siguientes:
  •      Enseñanza privada concertada: El Estado no garantiza que los alumnos tengan una plaza en un centro público durante Primaria y ESO. Así, se tira por los suelos el derecho que, en teoría, tienen todas las personas para recibir una educación pública y gratuita.
  •     La religión: La asignatura de religión adquiere más fuerza y contará en el expediente académico, contabilizando, por ejemplo, para pedir una beca. A su vez, Educación para la ciudadanía desaparece, a favor de la opinión de la Iglesia católica, y por ende, a la del partido que gobierna.
  •      Subvenciones para los colegios sexistas: Los colegios exclusivos para chicos o chicas recibirán ayudas estatales, siempre que justifiquen que la segregación sea equiparable con la del resto de centros.
Con todo ello, el Partido Popular quiere establecer las características que toda persona debe de tener para seguir estudiando o, simplemente, para estudiar: tiene que tener dinero suficiente para pagar lo que ellos llaman “educación pública”, fe absoluta en Dios y conocimiento especializado para rezar, y ser un chico. A juicio del gobierno, el gasto público debe anteponerse a una buena educación (sin nombrar sanidad, pensiones, y una larga lista de derechos que, al parecer, entorpecen el progreso del país). Así, debe anteponerse la fe al conocimiento sobre las leyes, los derechos y la forma de ser un buen ciudadano; y, por supuesto, la segregación es indispensable para facilitar la educación.
Por su parte, no se quedan con la palabra en la boca, y ante las críticas que reciben el ministro Wert, y su ley en educación, tienen una respuesta: “la educación es algo más que las notas”. Les voy a dar la razón porque, en esta afirmación, la tienen. La educación consiste en aprender y formarte para que, en un futuro, se puedan poner en práctica los conocimientos adquiridos, tanto en materia educativa, propiamente dicha, como en lo referido a civilidad; sin embargo, ¿cómo pretenden que tengamos educación si no quieren que nos eduquemos? Así, reconozco que educarse es algo más que una nota, pero voy a permitirme dar otra afirmación innegable: el gobierno es algo más que los votos. ¿Cómo quieren que seamos pacientes ante las medidas del Partido Popular y, a su vez, educados con las personas que están realizando recortes en todos los ámbitos de la sociedad para reducir el gasto y al mismo tiempo aparecen datos donde se refleja que esas mismas personas se han llevado excesivas cantidades de dinero?
Al menos, el Partido Popular nos ha enseñado su verdadera naturaleza conservadora (la cual nunca ha ocultado) y con ella ha traído una reconversión de nuestro “Estado laico y aconfesional” por un “Estado católico, apostólico y romano”, característica que me recuerda, no sé por qué, a un gobierno que hubo en España durante casi 40 años. Sin embargo, si de verdad se creyeran tan católicos como dicen, o al menos demuestran, seguirían las enseñanzas que predicaba un tal Jesucristo, las cuales pretenden inculcarnos sin saberlas ellos. Para Jesús la prioridad es ayudar a los más necesitados, tenderles la mano y darles lo que necesitan; sin embargo, quitan ayudas a los dependientes, es decir, a los que tienen alguna enfermedad física o mental, recortan en los ámbitos básicos de la sociedad, pero lo que sí que cumplen es su compromiso con la Iglesia.
Voy a permitirme revelar una afirmación indiscutible y tan obvia que ha estado oculta durante años por una sombra crucificada, esta verdad es tan reconocible que “las cruces no nos han dejado ver las iglesias” y que, a pesar de que se puede trasladar a todo el mundo, prefiero concretar en nuestro país, porque es aquí donde se identifica con mayor claridad: en España nunca ha reinado una corona, ni nacional ni extranjera; nunca ha gobernado “la Pepa”, una Tristana adelantada a su tiempo, que quiso cambiar la situación de un país atrasado y que sucumbió bajo la autoridad de un hombre autoritario y que devolvió a España la “cordura” perdida por el progreso; ni siquiera una bandera tricolor ha llegado a dirigir este país; España ha estado, está y estará regido por una cruz cuyo peso es tan grande que aplasta a todos los ámbitos de la sociedad.
Para simplificar esto voy utilizar una historia popular, pues tras esta nueva ley será lo único que nos quede para aprender algo sin estar influenciados por ninguna ideología:
Cuentan que existe un viejo loco que se caracteriza por vestir luto, a pesar de que no se haya casado con nadie, y que obliga a la gente a dirigirse hacia él como “Padre”, aunque ninguno seamos sus hijos, al menos no reconocidos. Este viejo loco tiene mucha influencia en todos los estamentos sociales, debido a que afirma ser un gran sabio, y, así, sus enseñanzas son escuchadas por todos y le siguen a pies juntillas, con los ojos tapados y, ya puestos, con las manos clavadas. Los motivos de este seguimiento nadie los conoce, puesto que los únicos estudios que se le reconocen tener son la lectura rápida de un extenso libro, algunos lo llaman “el libro gordo de Petete” y otros las “Sagradas Escrituras”, y un estudio personalizado del Lazarillo de Tormes. De esta forma, utiliza estos supuestos conocimientos para atraer seguidores, consiguiendo fieles y adeptos, y, casi sin saberlo, ya controla las bajas y altas instancias de la sociedad. Sin embargo, aunque sus enseñanzas son de una salvación a través de la solidaridad y el amor fraternal, en él se produce una peculiar contradicción, pues la austeridad y el reparto de las posesiones entre la gente que más lo necesita se convierte en un afán por poseer las mayores riquezas posibles, y el amor fraternal no significa nada frente a lo que él llama “Cruzadas” o “Guerras Santas” para luchar contra las personas que creen algo diferente a él.
Todo el dinero y el poder que este viejo loco ha conseguido han sido a base de tretas y artimañas, engañando y predicando cosas que, para él, están lejos del ejemplo. Así, consigue las cosas, más que gracias a Dios, lo hace gracias a la ignorancia del pueblo. Por supuesto, no le importa a quien se lleva por delante, pues él vive un auténtico “paraíso en la Tierra” y, por este motivo, intenta evitar la muerte, por si acaso se produce la casualidad de que es cierto lo que predica y se da de bruces con los “juicios divinos”, y, al paso que va, dudo mucho que este viejo loco muera y, así, su influencia perdurará por los siglos de los siglos.
De esta forma se comprueba lo que el pueblo sabiamente dice, pero no hace caso: el diablo sabe más por viejo que por diablo, aunque tenga de ambas cosas.

Es posible que todo este cúmulo de ideas (por una parte obvias y, al mismo tiempo, inesperadas) resulten confusas y chocantes así a primera vista. Lo comprendo, no es fácil entender a estas personas leales en la palabra y contradictorias en el gesto. Por eso, voy a intentar resumir todo lo explicado anteriormente en el nuevo lema que ha adoptado el Partido Popular: “Álzate, oh Dios, a defender tu causa”.