Et uxor mea

Et uxor mea

Érase una vez, que ni una vez fuera, un Planeta gobernado por simios (con todos mis respetos para el reino animal). Un mundo donde el poder tenía el oscuro hábito de ir excluyendo, apartando, anulando, desechando y... ¡Oh! Claro: negando el acceso sobre la piedra y el trono a todo tipo de personas, sin importar color o sexo, porque ya lo exportaban ellos.
Un mundo donde, no contentos con la marginación, se llegaba hasta las manos para garantizar el control y la sumisión completa.
En ese mundo fantástico, más que nada porque era increíble que existiera, los cuentos superaban la realidad, y no eran cuentos, sino noticias diarias de género: de género del terror; unas noticias donde había brujas, hechiceros, gente sin escrúpulos, ladrones, reinas de corazones que gritaban 'Sálvame', y reyes que, con sus bastos, sentenciaban sin saber.
 Sin embargo, en este incrédulo mundo, los que de verdad daban miedo eran los hijos de p..., que de esos sí abundaban:
En un rincón de este mundo, que hasta esos momentos era el reino más culto y brillante, cayó la mácula del hombre, y la oscuridad cubrió el reino nazareno:
Dos felices niños vivían tranquilamente lejos de este reino; dos pequeños que adoraban a su madre, y querían mucho a su familia; dos niños cuyas únicas obligaciones eran ayudar y querer, y cuyas únicas preocupaciones era jugar, y reír jugando, y llorar jugando. Pero los juegos solo son para los que saben jugar, y la inocencia de esos pobres niños estaba a punto de ser utilizada sin motivo ni derecho.
Un día, su madre fue atacada por un lobo, al cual había acogido en su casa, engañada por su disfraz de perro fiel; la madre, pensando en la seguridad de sus hijos, llamó a un cazador, que ataviado con su toga, puso a salvo a la madre y a los niños, huyendo rápidamente a un reino más seguro, a su hogar.
Allí, la madre les hizo el mejor de los regalos, una caperuza llena de amor y protección con la que pretendía que olvidaran ese terrible pasado.
Pero el mundo entreteje unos hilos muy curiosos, y el malvado lobo consiguió lo mismo, que todos olvidaran su pasado, y volvió a disfrazarse de cachorro para lograr llegar al brillante y seguro reino.
La madre, desesperada, apeló a la sensatez de su familia, a la razón de sus amig@s, que no eran poc@s, y, especialmente, al poder del reino, aclamando la ayuda de los cazadores locales:
- Soy Juana, y soy madre; vosotros también tenéis: pensad, pues, en mis hijos, ni siquiera en mí penséis -clamaba la madre a los hombres, gritaba su alma a los cielos-.
Mientras, el lobo disfrazado, caminaba tranquila y libremente entre los senderos del reino, acercándose cada vez más a los indefensos niños, la madre consiguió levantar muros humanos entre ella y aquellos aullidos, que solo con recordarlos te dejan trémula la razón:
- Juana, Juana -susurraba el lobo a la madre y a los paisanos-, no temas y no tientes, que ya no soy el fiero que antes fuere.
Juana tenía fe; sabía que el bosque del reino estaba lleno de cazadores, pues en los últimos años habían tenido mucho trabajo, y que, más pronto que tarde, alguno de ellos saldría en su defensa…
Pronto, las gentes del lugar dieron cuenta de que un cazador había oído las quejas de la pobre Juana, y fue anunciando su llegada a los alguaciles. Se abrieron las esperanzas de la madre y su niño, pero los cronistas del reino sentenciaron la terrible noticia de que aquel cazador había derribado la balanza con su maza, pues la caza iba dirigida hacia Juana:
- De Rómulo y Remo se aprende, que el honor y su crianza se hacen mejor con el lobo en la camada.
Las horcas y las antorchas no tardaron en levantarse; la madre cayó en un perpetuo otoño, y sus ojos dejarían de brillar: no había nada, por el momento, que le pudiera enjugar aquellas injustas vergüenzas derramadas.
El lobo, por su parte, abrió sus fauces al mundo, sin ocultar la satisfacción que le entregaban en bandeja: sus ojos eran ahora los más grandes, sus dientes eran los más afilados, sus garras se retorcían de placer...
El cazador acababa de acercar la presa a la caverna más oscura, donde Platón liberó a Prometeo, donde la Pandora fue castigada, y donde, a este paso, todos vamos encaminados.
- ¡Es un lobo! ¡Es que no lo véis! No ha cambiado, no ha cambiado; nunca cambian. Escuchadme, por Dios... -pedía de rodillas Juana, llorando con la misma desesperación con la que demostraba quién era la que realmente luchaba por los inocentes retoños-.
Aquella noche volvió a la cabaña, con sus hijos, que eran quienes le daban el nombre de hogar.

Mientras todo eso pasaba, mientras ya tan solo se hablaba de aquella pobre madre en las oraciones de quienes estaban viviendo eso, de quienes lo habían vivido y de quienes deseaban no vivirlo; mientras Juana veía a sus hijos jugar, pensaba en una de sus hermanas:
Se llamaba CeniciElla, y su cuento era muy particular, pues era a las 24:00 cuando había quedado en salir: se puso el mejor de sus vestidos, porque hacía mucho que no veía a sus amig@s debido a los exámenes, y fue al lugar donde habían quedado, la Discoteca Palacio.
Las copas volaban, el tiempo lo mismo, y entre canción y canción nadie daba cuenta de lo que sucedía fuera de esas ‘desventanadas’ paredes.
Sin embargo, la divina e inmortal Safo, siempre está pendiente de las almas destinadas a proteger su nombre, y en su nombre el del Arte y la verdad, y aquella noche infundió su esencia en la inteligente Ceniciella, que despertó del embrujo de la fiesta:
Quedó inmóvil, asustando a quienes estaban con ella, que le preguntaron si se encontraba bien. Negando con la cabeza, salió corriendo de Palacio, y la siguió su novio y su mejor amiga, ésta última le volvió a preguntar si estaba bien:
- ¿Acaso no escucháis lo que están poniendo ahí dentro? -dijo casi entre lágrimas-.
- Es el mismo reguetón (Nota del transcriptor: no me voy a esforzar en escribirlo bien) de todas las noches -le respondió su amiga-.
- Exacto; ¿y no te da vergüenza?
- ¿Por qué te pones así, princesa? - le dijo su novio, acercándose a ella-.
- Porque si nuestra generación, la próxima que saldrá en los libros de Música y de Literatura, se ha de caracterizar por esto, estamos bien jodidos -contestó la noble reencarnación de Atenea-.

Sus amigos no entendían nada, y pronto, la valiente CeniciElla procedió a zapear sin miedo a críticas el porqué de aquellos acertados comentarios:
- El reguetón es a la música, lo que las películas americanas al Romanticismo, la total destrucción de esas virtudes humanas.
- Pero si es todo Amor -dijo el inocente "príncipe"-.
- Si tú pretendes que seamos novios con eso, estamos apañados.
- Yo soy Romántico.
- Romántico es el que ama de noche y muere de día, no el que dice "oh, mira, soy M. Casas y te quiero, voy a quitarme la camiseta para demostrártelo".
- Mujer, que él tampoco te dice esas cosas – trató de defenderle la paladín de su amiga-; además, el reguetón sí habla de Amor.
- Sí, claro – inquirió CeniciElla, dando inicio a la batalla final-, porque decir que serías feliz con cuatro personas es becqueriano puro; querer a una mujer bonita y calladita es de los hitos de la literatura hispanohablante desde Cien años de soledad, que, por desgracia, no es el castigo que tienen estos tíos, y de ahí ya a labios tatuados, pickypicky y cosas de esas que acaban en zo...., pu.... y tal y tal (uy, ¿eso a qué poeta me recuerda?)...
- No, si en eso tienes razón.
- Pero no es que me des la razón, es que después de saber las letras, no las convirtamos en canciones del verano, ni las bailemos... ¡Defendámonos!
- Escucha, princesa - trató de decirle él, cuando fue interrumpido-...
- Y ya si hablamos de la filosofía neoplatónica, la ética y todo que enseñan los programas de Telecinco es que es para mea...
- Bueno, vale -la interrumpió su amiga-; vamos a tomar algo y seguimos hablando dentro, que ya refresca.
Mientras metían a CeniciElla al Palacio, ella seguía dudando de por qué en los bandos del reino sobre coches, perfumes o sartenes solo salían mujeres; ella seguía luchando porque sus amig@s no se conformaran, y lucharan por cambiar esos pequeños detalles, por arrancar esas malas raíces.

Sin embargo, en la cabaña de Juana la desesperación era insoportable: los alguaciles habían comunicado la firme decisión de los cazadores de negra toga de llevar a su hijo ante el negro lobo, y más aún, la obligaban a acudir a juicio... ¡Ahora era ella la presa de la cacería!
Observaba a sus hijos, inquietos, sin forma de hacerles ir a dormir, jugando inocentemente, y trató de poner sus ideas en orden, y no había mejor forma que el destino: aquella noche, cuando solo ella, aunque tuviera miles de apoyos en todo el reino, tenía la decisión en sus manos, debía acudir al pasado, a las mujeres que también se enfrentaron a una realidad en contra para luchar por lo que querían:
Había escuchado, en un bando oficial, que por la cadena pública del reino iban a estrenar un programa sobre Ellas, y decidió verlo; miró el reloj, y vio que era la hora perfecta, así que contó con verlo, y enseñárselo a sus críos.
Sin embargo, para la sorpresa de sus hados ni estaba, ni había acabado ni iba a empezar, al menos no hasta bien entrada la madrugada:
- ¡Cuando más necesito el consejo femenino; cuando más necesito que mis hijos vean que las mujeres y los hombres solo se diferencian en los términos; cuando aún seguimos necesitando todo ello, hoy, 2017 annus Domini, el reino prefiere educar a sus paisanos con mafias y transformers! -pensaba Juana, con injusta indignación-.

Fue en esos momentos cuando le vino a la cabeza otra de sus hermanas, y se ilusionó por saber qué hacía en esos momentos:
Le puso de nombre "La bELLA Durmiente"; fue su profesora de Historia, y el cariñoso apodo le vino por su constante empeño en dormir despierta, y conseguir alcanzar todos sus sueños; eso sí, era una mujer de carácter.
Ella fue quien le enseñó todo lo que sabía, y quien le aconsejó mirar más allá de lo que los ojos humanos y sociales permiten ver; de hecho, era una profesora fuera de lo común, pues buscaba el pragmatismo histórico y actual:
- Veréis, chic@s, cuando estudiaba la carrera, ni siquiera teníamos la asignatura que se imparte ahora de Historia de las mujeres, sencillamente daban a los reyes y punto, aunque en su vida no hubieran hecho más que nombrar tres ducados y cazar dos venados.

Con su experiencia como alumna, "La bELLA Durmiente" buscó la igualdad absoluta, o lo que ella denominaba "la normalización sexual":
- En España no hubo grandes figuras feministas, de hecho Concepción Arenal y la Pardo Bazán se llevaban a maltraer, pero desde Santa Teresa hasta las mencionadas, todas buscaban un único derecho, la educación: es lo que se conoce como la "tercera vía".
- ¿Y usted qué opina? -preguntó la joven Juana-
- Bueno, para mí esa "tercera vía" podría ser de aplicación diferente, de normalización sexual, es decir, tratar a las mujeres como lo que son y siempre han sido, personas, sin maltratarlas ni sobreprotegerlas.
- Pero eso al final es injusto, ¿no? - contestó un alumno-; porque son las que peor han sufrido la Historia.
- Incorrecto, la Historia no hace sufrir, vamos creo: ellas son las que peor han sufrido a las sociedades históricas, y no a todas; ahí es a lo que quiero llegar. Hay de todo en todos lados, y yo no os voy a enseñar a mujeres insufribles, solo porque nunca se han enseñado, a no ser que hayan sido protagonistas de algún hecho trascendental; del mismo modo que no os voy a enseñar a hombres innecesarios, únicamente porque siempre han aparecido en los libros.
- Entonces no nos enseñará nada -dijo uno del fondo, despertando las risas de toda la clase, excepto de "La bELLA Durmiente"-.
- Os enseñaré Historia, la de ellos y la de ellas, siempre que ellos y ellas sean Historia: desde Alejandro Magno hasta Zapatero, y desde Cleopatra hasta la siguiente reina de España… ¡Porque seguro que es reina!

Historia, les iba a enseñar Historia. Aquellas palabras se quedaron en el zurrón de Juana para toda su vida (y en las mías mientras transcribo este cuento).
Fue ese el momento en el que Juana se atrevió a hacer la gran pregunta que "La bELLA Durmiente" había esperado durante toda su carrera profesional:
- Y ¿qué opina de que detrás de cada gran hombre hay una gran mujer?
- Que pobre mujer la que tenga que soportar sus nobles y perfumadas posaderas -espetó sin ningún miramiento "La bELLA Durmiente"-. Detrás, delante o al lado de un hombre puede haber una mujer enorme o mediocre, y viceversa y de todas las combinaciones.
- Pero las cosas han cambiado, van mejor que..., no sé, que en la Edad Media.
- Fuera de clase, ¡fuera! No es broma – su tono, relajado, pero seco, forzaron a aquel pobre mancebo a salir del aula, mientras "La bELLA Durmiente" seguía-: ¡"la casa, la cocina y la calceta" fueron fueros hace unos días! El pasado no siempre fue bueno, pero hay presentes peores...

Esos últimos recuerdos retumbaron en la mente de Juana aquella noche: ¿cómo podía salvarse del tiempo? ¿Existía algún hechizo para huir de toda ese auto de fe?
En esos momentos se le acercaron sus hijos, con una terrible cara de cansancio: por fin iba a poder meterles en la cama:
Les arropó con la caperuza que les había regalado, y pensó que podría ser la última noche que les vería, que se los llevaría aquel lobo con el disfraz con la que le había engañado hacía tanto, y que volvía a engañar a todos ahora...
Pensó en su mundo, miró el calendario sin cabida al error; pensó en los cazadores del pasado, y pensó en las balas que habían errado las lágrimas de Estefanía, de Matilde Teresa, deToñi, de Blanca Esther, de María Ángeles, de Virginia, de Noemí y de su hijo Aramis (¡1 solo año!), de Cristina, de Carmen, de Laura, de Ana Belén, de Ana, de Margaret, de María José, de Leidy, de Gloria, de Dolores, de Joe, de Ana María, de Paula (¡con 5 años!) y de su madre y su hermano, de Daniel (¡otros 5 añitos!) con su hermana y su madre, de Yurena, de Viky, de Andra, de Rosa, de Raquel, de una guerrera anónima y de su hijo de 11 años, de María del Rosario y de su hija, de Eliana, de Ana Hilda, de Susana, de Beatriz, de Valentina, de Encarnación García, de Encarnación Barrero, de Fadwa, de Donna, de María del Carmen, de Irina, de María Raquel, de María Ana Belén, y de todas aquellas madres e hij@s que ni siquiera aparecen en estas listas oficiales del reino, porque tecnicismos... De un mundo lleno de cientos de familias rotas; cientos de corazones que han dejado de latir, algunos de ellos sin haber apenas "disfrutado" de la vida (¡a qué ser se le ocurre matar a su hijo de 5 años! ¡Joder! ¡Es que se me revuelve el estómago!); de estómagos abiertos por la terrible e injusta pena.
Juana no podía permitirlo; no podía dejar a sus hijos en manos de un mundo lleno de lobos, ni permitir que ellos se convirtieran en otros:
Decidió que por la mañana, se enfundarían en esa capucha; obviarían las leyes cinegéticas (que el cine parece la realidad, que la realidad no cuenta),  saldrían de la jaula del cazador y echarían el último vuelo por tod@s los sant@s inocentes del reino y del mundo.
No sin antes, contarles el último de los cuentos, para educarles en el nuevo mundo:
Prestad atención: «Érase una vez, que una vez será, un mundo con fe; un Planeta gobernado por la Justicia y la Razón, donde no había concilios, conventos ni reclusiones, donde todos los creyentes eran iguales y donde las contradicciones revelaban la verdad:
Un mundo donde el hombre temía a la mujer, porque ella era más importante… Mis queridos corazones, tenedlo en cuenta para toda la vida, que quien trata de herir, no es por tener la superioridad, sino por la envidia y el temor de la superioridad de su víctima.
Porque, mis niños, érase un mundo donde Dios era Diosa, pues tras siglos y milenios de guerras, tras maltratos y vejaciones entre nosotr@s, prójim@s y herman@s, tras robarnos las cosas por envidia, tras hacer chivatazos para salvarnos el pellejo...; solo una madre sería capaz de seguir salvando y perdonando a sus hij@s después de todo lo visto (si Dios fuera hombre, nuestro Padre, nos hubiera tirado por un agujero negro en la primera lanza).
Un mundo en cuyo principio se hizo la luz; existente solo si existe el mundo, admirable solo si en él se hace la vida.
Un mundo donde se Creó al hombre y a la mujer, y se entendían, porque eran iguales, porque para ello se hizo el sonido; un sonido que entretiene, aunque es la música la que hace vibrar.
Un mundo donde había ciudades de Pizan, donde Mileto pensaba, y Galicia, la de los ríos y fontes, discutía.
Un mundo que avanzaba por hacernos estudiantes, ¡viva la curiosidad!; que si el dato es solo dato, la sabiduría es mucho más: indefensa y pacífica, sin fronteras ni cañones; porque es la Universidad la única de las Naciones.
Un mundo donde La Tierra no era el límite, solo el grano de la montaña, en cuyo ascenso se empezó con un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto de la Humanidad.
Un mundo dentro de un universo, que, total, es solo la infinidad: el universo es todo Poesía; la Poesía es toda verdad; y es maravilloso explicar la verdad, porque no es de nadie, porque nadie es más y nadie es menos:
Pero si en este mundo alguien lo piensa...

El hombre siempre ha sido el uno, la mujer ha sido la totalidad. »

Y un mundo en el que ahora se me puede decir que tengo que ser equitativo, y tener confianza en el padre, porque eso sería lo justo. Pero como al parecer, en este mundo no existe la justicia, pues... ¡Juana está en mi casa!








El más grave y grande de los posdata: Siempre viva, siempre en paz, Terele Pávez; este escenario se te quedaba pequeño.

Tú por yo igual-dá

Tú por yo igual-dá

El teatro del mundo es el
eterno mal ensayo de un buen guión.


Hacía tiempo que no tenía noticias de él; vivía fuera por trabajo, o porque quería, o porque nobleza obliga, o por algo de eso. Sea lo que sea, lo importante es que a pesar de la diferencia de edad, de pensamiento... A pesar de la diferencia somos buenos amigos –el perfecto ejemplo, tal vez-.
Decía que lo primero que había pensado cuando aterrizó era en venir a verme, lo cual me sorprendió bastante, aunque no quisiera yo dudar de lo que dice, más que nada por no empezar a debatir de quién es más amigo de quién, y porque nunca hay que rechazar comentarios como éste -por si son los últimos-.
Me avisó de que llegaría sobre las tres de la tarde, así que comí deprisa para dejarlo todo ordenado antes de que llegara; sin embargo, se me olvidó lo más importante, lo que nunca hay que tener encendido si tienes un amigo que piensa que fue antes el rojo que el color:
- ¡Viva el señor emigrante! -le dije nada más verle entrar por la puerta, sin pensar en las consecuencias (hacía mucho que no hablaba con él, y se me habían olvidado sus buenas costumbres)-.
- Calla, calla, que no sabes cómo llego: tras horas de espera en el aeropuerto por los incompetentes que hay por el mundo (luego dicen que si exilio español, que si no sé qué… ¡Más españoles en Europa y se les iba la tontería!); bueno lo que te decía, tras esa maravillosa experiencia, embarcamos en un cacho de chatarra, que estaría hecha con los últimos pedazos de un tanque checoslovaco, y me sientan al lado de un…
- Total -le interrumpí, sabiendo que el pobre árabe, al que seguro que le iba a poner un adjetivo alqaediano-, que muchas ganas de verme, y ni un triste abrazo-.
- Perdona, tienes razón. Ven a mis brazos, compañero… -aquel abrazo de reconciliación me dio la sensación que significaba que aquel muchacho, que se marchaba por la fuerza, se iba a quedar definitivamente con nosotros. Aunque ello también conllevaba que, con él, venía el paquete estándar de comentarista, pues aún no nos habíamos separado y concluyó:- Pero a Europa le hace falta mano firme.
- Voy a por algo de beber, deja las cosas donde puedas -le dije, zafándome de aquellas letras que se unían sin saber por qué, mientras me encaminaba a la cocina. Poco tardé en prepararlo todo, aunque en ese rato le empecé a dar protagonismo a los recuerdos que tenía con él, y categoría de thriller a los que estaban por llegar, y que, en esa misma tarde, iban a despertar. Cuando salí me lo encontré rebuscando en la bolsa de mano que había traído:-.
- Sé que no es mucho, después de tanto tiempo, pero…
- Ni hacía falta siquiera que me trajeras nada -le dije, dejando las cosas en la mesita que había entre el sofá y el mueble, y mientras se daba la vuelta.-
- Insisto en que aceptes esto… -me reafirmé en el comentario anterior, aunque esta vez usando mi voz interior, cuando me enseñó aquel presente, que tan presente sigo teniendo. ¿Os imagináis esas camisetas de Benidorm de “me acordé de ti”? Pues ni parecido: tantos años por Europa y me trae una bota de vino con la cara de San Otmaro de Gales (que para quien no lo sepa fue el santo que os va a hacer mirar la wikipedia estando de vacaciones)-.
- Gracias... -contesté tras un silencio, en el que solo hacía que morderme el labio y afirmar con la cabeza incrédulo. Tras otro silencio, proseguí:- Julio… Amigo mío.
- De nada, hombre, sabía que te gustaría -me espetó con toda la seguridad que le dieron el resto de la santoral, doctores de la Iglesia y padres de la Unión Europea; me soltó una palmada “de las de antes” en el hombro, y se sentó en el sofá-.
Tras aquel turbulento inicio, estuvimos hablando, largo y tendido, de su vida por el viejo continente, y cuyas historias me reservo para otro momento, o directamente para mi epitafio. Realmente pasamos un rato agradable (el tiempo de esa conversación calculo que fue de una hora, aunque para estar seguros acudiré a la medida internacional: una botella), y pude rememorar aquellos buenos momentos, y también malos, pero que definieron nuestra amistad… Hasta que ocurrió lo inevitable: fui a la cocina a por otra botella, y nunca debí haber salido:
Julio estaba mirando la televisión, con la misma cara que se le queda a uno al descubrir que tus padres te pusieron el nombre, no por un héroe troyano, como siempre habías pensado, sino por la casualidad de abrir el libro de nombres y ser el primero en masculino de esa página, es decir, entre rabia e incredulidad.
- ¿Eres gay? -de entre todas las preguntas posibles que tenía a su disposición, mi buen Julio, al ver que el orgullo es nuestro, esa me soltó-.
Fue aquí cuando empezó todo:
- ¿Por qué? -le dije, como única respuesta posible para un Amante de la Historia-.
- Tú respóndeme; para empezar estás viendo la cadena…
- Verde -le ayudé a terminar-.
- No es el color precisamente que buscaba, aunque eso siempre te lo he permitido -efectivamente dijo “permitido”, pero alguno de vosotros puede que ya haya vivido su uso-. Pero es que además lo has puesto para ver… eso.
- Julio, para empezar, los heteros también pueden ver ESTO.
- Yo soy hetero, y no lo vería -se atrevió a decirme-.
- Bueno, yo soy católico y no vería 13tv (¿será por mal fario?). Pero es que además, aunque fuera gay, bisexual o lo que me diera la gana, ni te debiera importar, ni tampoco es algo que se deba “confesar”.
- Hombre, pero es bueno que la gente sepa lo que eres, más que nada por… -el silencio se hizo su ley, sabiendo que lo que dijera en esos momentos iba a marcar mis palabras y mi tono desde ese momento-.
- ¿Por avisar? ¿Por advertir? ¿Por alertar, incluso? -le volví a ayudar-.
- Pues mira, sí. Sería lo suyo saber si el hombre con el que estás sentado quiere estar en otra postura.
- ¡Julio, por Dios! Ya somos mayorcitos para eso. ¿O es que acaso tú vas “avisando” de que eres hetero para evitar que las mujeres que se sientan a tu lado no se asusten al saber que quieres verlas en otra postura?
- No, claro, pero porque eso ya se sabe.
- No, claro, pero porque como ellas ya huelen tus feromonas no se sientan a tu lado -de repente, y sin saberlo, Julio se empezó a reír, no sé muy bien si por la situación, mi comentario… Al menos se agradeció un poco menos de tensión, que poco duraría-.
- Es que eso es lo normal -aquella triste palabra, tan temprana en el debate que se había iniciado, hizo levantar mucho polvo-.
- Son precisamente esas ideas las que evitan la normalidad de lo que en sí mismo ya es.
- No te confundas, eh, que yo tengo amigos, y alguna amiga y familiar, que son gais, lesbianas y todo eso.
- ¡Échale pulgas al perro! Ese es el peor comentario que has podido hacer.
- Pero, ¿por qué? Si no pasa nada.
- Pues claro que no pasa nada, y no debería pasar nada. Mira -ya que parecía que nuestro reencuentro se había normalizado, puesto que empezábamos el primer debate de la temporada, me llené el vaso-, la indiferencia es el mejor orgullo.
- Ahora sí que no te entiendo nada. Osea que me criticas porque te digo algo cuando estás viendo eso, o esto o como quieras, te pregunto si tú también lo eres, ¿y ahora me dices que deberíamos pasar de todo?
- Pues sí. Y te diré por qué.
- Porque según vosotros -efectivamente, dijo vosotros- todos nacemos bisexuales, y ya a partir de ahí que cada uno haga un vivalavirgen con su vida, sin preocuparse del daño que puede hacerse a sí mismo y a los que le rodean.
- Julio, la sexualidad no es fumar. Además, ¡qué me estás contando de esas chorradas! Yo qué sé si nacemos bisexuales o con forma de cerdo; a mí no me metas en teorías científicas, médicas o parapsicológicas, que no entiendo más que lo que podía entender Feijoo.
- Otro buen político; y también gallego, para que veas.
- ¡El Padre Feijoo! Un ilustrado a quien te recomiendo leer.
- Deja a un lado erudiciones y dime por qué te contradices.
- No lo hago; afirmo que el mejor orgullo es tratar esto con la misma indiferencia (la no diferencia) con la que te he dicho antes: si tú a tus padres a los 16 años no les dices “oye, mirad, que soy hetero”, a estas alturas tampoco tendría que producirse escenas incómodas con las demás sexualidades. Repito, eso es lo que debería ser: simplemente presentarles a tu pareja, y queredla como otra parte más de la familia.
- Por esa misma regla de tres, aquel o aquella que no se sienta con el sexo que por naturaleza le ha tocado tendría que operarse, y cuando regrese a casa convertida en yo qué sé, pues sus padres que no se sorprendan: “mamá, papá, ya he llegado, ahora podéis llamarme Sofía”.
- No banalices con esto, por favor. Obviamente hay casos y casos, pero te quiero decir que la sexualidad, y el sexo, de una persona solo competen a esa persona, y a nadie más. Y aunque estuvieras en lo cierto, y Dios dijera: “tú, hombre; tú, mujer”, solo a Él le compete juzgar, a nadie más, y mucho menos a los curas y obispos que, en su haber, tienen delitos mucho más penosos que el de amar a una persona del mismo sexo, que hasta ayer, como quien dice, aún era pena de cárcel.
- “Dios los creó varón y mujer” -me recitó desde el púlpito-.
- Vale, vale. Sigamos por esa línea. Al igual que crees en Dios, también creerás en esas tonterías –le inquirí con ironía- de amar y respetar al prójimo, ¿no?
- Pues claro.
- No lo dudaba, como todos los que se han leído la Biblia para ser de curas hacia arriba, y luego no hacen caso a lo que dice el Jefe (incluso el vicejefe, que el nuevo Papa también dice que no somos nadie para juzgarlos).
- ¿Acaso te la has leído?
- El Nuevo Testamento sí, y el Manifiesto Comunista también –mientras Julio iba sacando el teléfono para llamar a un psiquiatra, o al cura del pueblo para hacer el papeleo de la excomunión, continué-, y no encuentro mucha contradicción.
- Dejando a un lado el asunto divino, aunque es muy poco probable que Dios acepte las perversiones y barbaridades antinaturales que cometen…
- ¿A qué barbaridades te refieres? -impidiéndole continuar-.
- ¡Pero es que no ves cómo van! -me hizo ademán de mirar a la televisión, mientras pasaba un grupo de personas en tanga, y alguno con plumas y vestimentas de cuero-.
- Claro, y te parece mucho menos decente que esas personas defiendan con ORGULLO sus legítimos derechos, a que una persona trajeada vaya día sí día también a los juzgados; cuando no, directamente, la misma política que debieran concederles con el mismo orgullo sus legítimos derechos, protege, sin embargo, a los elegantes.
- Hombre, pero no mezcles peras con manzanas -ante eso, que dudo que supiera lo que decía, agarré la botella, y brindé por la normalidad-…
Durante unos minutos nos callamos para mirar un poco las entrevistas que iban haciendo, y el desarrollo de la marcha, cuando surgió un comentario que hizo saltar las alarmas de Julio:
- ¡Ajá! Ves como al final no tienen una plenitud moral, ni son tan superiores…
- Pero, Julio, vamos a ver, lo primero estás hablando como si fueran una especie aparte (ellos-nosotros); si es que en ese mismo comentario os contestáis a vosotros mismos.
- ¿Acaso ahora no me has categorizado, y antes me has criticado por ello?
- Tienes toda la razón, y te pido disculpas. Pero me da pie a lo que te quiero decir: mira, ya sabes que odio las etiquetas, de hecho, me ha cabreado más que me preguntaras (etiquetaras) de gay que otra cosa. Hay que mirar lo de dentro, amar el interior, buscar en el interior, tuyo y de los demás, para saber lo que quieres, de ti y de los demás. 
- A ver, que yo solo digo como se denominan a sí mismos: heterosexual, homosexual, bisexual, pansexual… El LGTBI ese.
- Está bien, pero el Amor, al final, no tiene más nombre que el suyo propio: para mí, la libertad acaba donde puedas hacerte daño a ti mismo o a los demás, a partir de ahí puedes ser Lo Que Decidas Ser y Amar (LQDSA).
- Me estás tomando el pelo, ¿verdad? Solo un hombre y una mujer pueden amarse, y de ese amor dar el fruto de la vida.
- Y vuelta a la Biblia… Que sepas que el amor sí que es divino; tanto que es como los ángeles, no tiene sexo.
- Vale, no te gustan las etiquetas, pero luego bien que criticas a que la Iglesia, y, sobre todo, la “perversa derecha” es la única malvada en esta historia, cuando la izquierda ha gobernado en muchos países y en muchas ocasiones, y aún sigue habiendo lugares donde no están legalizados sus derechos.
- El problema de ello es que dos no se pelean si uno no quiere, y si aún no se legaliza, es porque sigue habiendo una oposición conservadora…
- Y la culpa, por supuesto es de la derecha.
- Yo no digo eso; del mismo modo que no me gustan las etiquetas, tampoco me gustan las generalidades. El ejemplo más sencillo es el propio ejemplo: siempre habrás oído decir que todos los hombres guapos o están casados o son gais, o que los gais son muy afeminados, y las lesbianas muy masculinas; ¿acaso todos los hombres rudos y de pueblo no pueden ser ni lo uno ni lo otro?
- Sí, pero lo que han dicho no tiene que ver con el físico, sino con la ética.
- Obviamente hay de todo en todos lados, que es lo que acabas de escuchar en la televisión: del mismo modo que hablábamos de una parte de la Iglesia que sigue demonizándolos, mientras otra parte, incluido el Papa, habla con esa “in-diferencia respetuosa” que te digo, dentro de los propios colectivos hay personas machistas, racistas y de todo: ¡porque son personas! Como tú y como yo, que se sienten diferentes a su sexo, que aman a su mismo sexo, que sienten diferentes cosas.
- Yo siento amor hacia las mujeres, y no por ello por desnudo por las calles de Madrid gritándolo con orgullo.
- Bueno, cuando te emborrachas sí -con ello conseguí sacarle una risa cómplice, recordando que el alcohol iguala al mundo-. Además, el orgullo es, precisamente, una forma de reclamar sus derechos.
- ¿Así que es una manifestación?
- Sí, hijo, sí. Por desgracia.
- Ahora vuelves a ser tú el que no está de acuerdo con todas estas payasadas.
- Con lo que no estoy de acuerdo es con que sigan siendo necesarias estas MARCHAS. Los heteros no tienen un desfile porque no lo necesitan, porque ellos son tratados por la sociedad con la misma normalidad con la que se deben ver anuncios con un matrimonio homosexual.
- No hay razón en que eso sea normal.
- Solo el ignorante cree que tiene la razón.
- ¿Y eso no es insultar?
- Tienes razón. Pero, con todo, debes admitir que esto no sería necesario si cambiaran los comentarios que me estás haciendo. Porque, es verdad, ellos tienen un día, pero porque en toda su Historia han tenido (y siguen teniendo) cárcel, y porque en toda su vida han tenido (y siguen teniendo) miradas, críticas y aislamiento.
- Al menos entenderás que yo no pueda ver coherencia en eso.
- En verdad, no. Mira quién está ahí -le dije señalando al televisor-, figuras de la derecha española, alguno incluso es gay, y está casado, cuando hace unos años se manifestaban contra eso.
- Ahora dirás que las cosas cambian, y que me he de adaptar porque así ha de ser.
- No, no, para nada. Las cosas han de cambiar, efectivamente, pero tú puedes pensar lo que quieras, siempre que no hagas daño a los demás.
- Eso es lo que hago; tampoco voy a raparme la cabeza y a tirarles piedras: que no lo acepte no significa que pretenda acabar con ellos.
- Eso sí que es un avance, y no que estén presentes en el orgullo; eso no es que en diez años hayan tenido una revelación, eso solo es “postureo político”.
- ¿Entonces cuál puede ser la conclusión?
- Ello mismo, que debería haber una conclusión. ¿Sabes quién dijo “ama y had lo que quieras”?.
- Me suena, pero ahora mismo no lo sé.
- Pues eso ya se dijo hace bastantes siglos. Una perfecta teoría (el guión) de una obra que ninguno vamos a ver estrenada.
- Sabes que tú y yo no discutimos, solo debatimos, y sé que nos respetamos, decimos lo que pensamos; pero por mucho que cambien las normas, no lo harán las costumbres.
- Que los que en nombre de esas mismas costumbres, y, especialmente de Dios, ataquen a sus semejantes, eso sí debería considerarse pecado y blasfemia.
- Y por mucho que en este salón lleguemos a algún acuerdo, solo será la punta de un iceberg por cambiar (el miedo en el mundo del deporte, la igualdad y el respeto en las profesiones, evitar el bullying, las agresiones, etc.), y aún que acordemos algo, nosotros tampoco cambiamos nada.
- Nosotros, todos, incluidos ellos, que tod@s somos una minoría, porque todos somos igual de diferentes –me daba la sensación de haber entrado en un momento de la conversación en que los dos decíamos cosas similares, pero sin atendernos-.
- Yo seguiré pensando lo que pienso, y tú, lo tuyo; yo te respetaré, y tú me respetarás; nos dejaremos vivir, y viviremos juntos –y en este instante se había alcanzado el fin de la marcha-...
- Querido Julio, somos normales en la diferencia; ahí está la normalidad de la in-diferencia. 
- ¡Qué filosófico eres a veces! Si lo sé, no regreso -nos reímos y brindamos-.
- Si no hubieras venido, seguramente nunca (o muy tarde) hubiéramos tenido esta necesaria y abierta reflexión. Sin embargo, me habrías hecho un favor…
- A ver, sorpréndeme.
- ¡Que podría haber escuchado atenta y pasionalmente a Cristina Pardo! –Julio se echó a reír- Esa mujer me enamora, y dice verdades como templos.
- Tal vez como nosotros hoy aquí –creo que con ello quería decir que había que dejar la fiesta (del orgullo) en paz-.
- La vida es corta, las opiniones breves y la gente es contingente… Vivamos, hablemos y convivamos; todo lo demás, a quién le importa...




ADVERTENCIA: cualquier parecido de Julio (o mío) con alguna persona de vuestro entorno es pura casualidad… Pero como yo no creo en las casualidades, hacéroslo mirar.


El Principio de la A

El Principio de la A

Dicen que somos dos misterios, dos principios -que son también fines y fin-, solo comparables y compartidos con el de la vida misma: el de la Muerte, la ley de Thanatos, invariable e imbatible, que nos espera al final de este camino; el del Amor, el Eros -que en tantas ocasiones se convierte en eras…-, y que algún Maestro señalaba que nos ayudaba a sobrellevar el propio camino.

Dicen que quien dice esto habla con el tino de la locura… Al menos que se diga, que es la rosa de la vida eterna; pues lo que queda dicho, si no ahora, más tarde se escribirá y se convertirá en teoría inmortal. Una de esas teorías, axioma incuestionable, reza que todo lo importante es un hecho principal; y lo principal, al ser capital, debe llevar mayúscula:
Es por ello por lo que ciudades como Teruel llevan mayúscula, sin ser de otra manera, pues es la Capital del Amor capital… En ella se escaparon dos nombres –con su Amor hacen Trinidad- que se conjugan en este Teorema: que es la A el principio de la lengua humana; capital, pues, arrastra Todo: Amantes; Beso; Caridad; Diego; Eternidad; Futilidad; Gesta; Honorable Indulgencia; Juego Krausista; Luz; Música; Necesaria Oscuridad; Paridad; Quietud; Risueña Soledad; Teruel; Universitas; Valentía; Werther; Ysabel; Zanja…

Esta es la Historia -y lo digo, y repito, con H mayúscula; con todo el orgullo, y toda la paciencia de los que intenten criticar esta Verdad- de una de esas rosas inmortales; la más espinosa de todas; la de los vientos que me guían; la jamás contada y por siempre vivida.

Y empezarla no ha sido fácil, acabarla lo será menos, que se convertirá en la extrapolación misma de la misma Historia que aquí contemos… Y ya me noto distinto, una fuerza me ha invadido, aunque siempre la he notado, y a todos os reclamo, por no decir insisto, que atendáis a tal Verdad, que en vosotros ya habréis sentido:
Y para ello me rindo al mismo destino, cortejo eterno y feudal, cabalgando en la guerra del suspiro; que mi Pasión ha guiado lo que escribo, y una duda se me postra ante dos gritos: el uno, que es el objetivo; el otro fuerza al propio mito.

Y en vida tengo pechos altivos, tríada sagrada que en uno solo yacen conmigo: soy Amante de la Historia, y con el pasado me mido, que es medida de todo, y media que un todo me hizo; y como nada sin nada nunca ha sido, sin Historia yo me siento vacío.

El segundo, pareja, que es testigo de la Verdad intensa con la que me defino; que también soy Poeta, promesa de un final votivo; que sin ella no soy vivo, por ser amado cortejo, infante y esclavo de este milenial catecismo. Y como la fe sin fe nunca ha sido, sin Poesía yo me siento vacío.

Y en la tercera soy vencido, naturaleza como las demás -como las demás no la elijo-, pero no se debe cambiar las razones por las que existo: que soy de Teruel por siempre, y por siempre me resisto a querer ser más de lo que soy vitalicio. Y como la Vida sin Vida nunca ha sido, sin Teruel yo me siento vacío.

Y estas tres formas en una sola se ven atraídas, más bien en dos, que al inicio, como fugitivos, ya he jurado mis servicios.
Por ello, como Historiador escribo, con la comparsa de la memoria, que al final es la huella que administro, que sin memoria no hay un continuo, y estas voces que se viven con los cinco sentidos, mucha vida ya han sentido; y por ello como Poeta lo presido, que sin presa del corazón, uno vivo con desatino, si es que vivir se puede con un pecho suprimido; y por ello como Turolense lo vivo, que desde la cuna soy Amante, y en la tumba no lo extingo, que entre un toro y una estrella existe todo un Paraíso, y para empezar estas letras, que Dios en Carne hizo, como se fuese un librero, yo también guardo a los libros, y a lo que ellos conservan por ser Universum divino, de igual forma le otorgo al consejo que aquí inquiero, que de seguro habrá excomunión para aquel engreído que quite, distraiga o haya ofendido esta Pasión que por todo el mundo grito, y no habrá absolución, si no reintegra su perjuicio.

Y aquí os dejo mi visión, tal vez cambie el sonido, pero para nada la esencia del que uno se ve ennoblecido, Palabras y Sentimiento que traspasan pliego, tablet y pergamino:
Comienzo como creo debo hacerlo, pidiendo perdón a mis hermanos, por si alguna falta cometo, aunque dudo que ello vaya a suceder, porque me guía mi pecho.
Y empiezo, he dicho, porque debo, porque es secular actualidad y, sobre todo, porque creo, que es justa virtud que hace, de mi alma, cuerpo. Y me muerde así el deseo, de contar, como hombre, lo que viví como guerrero, en la guerra de los vivos y la fiesta de los muertos.

En todo el mundo se viven, pero en Teruel fueron los alientos; otros la contaron a sabiendas que aquí se sintió primero, este principio inmortal que a partir de ahora os reglo:

(Este falso trovador/os recomienda un consejo: / para hacer fácil lectura / haced en word copio-pego / y sustituid las barras / por cada línea un verso. / Solo me queda añadir / que tengáis el pecho abierto / ante poderosa Historia / que por todos fuese ejemplo / de una lucha sin igual / por el Amor verdadero)... / Nada para este romance / vale más que un romancero, / aunque en mármol o pintura / se inmortaliza el reflejo, / que no es historia pasada, / es suspiro compañero, / pues todo aquel que respira / posee este fin excelso. / Que el corazón solo late / solo lo piensan los necios.../ Leed, atended, sentid / el poder de estos dos fuegos… / Sin ser leyenda esta vida / le otorgamos un fiel credo, / pues leyendo esta leyenda / sabréis que también fue cierto. / Y el Amor no tiene leyes, / solamente tiene fueros,/ aunque a veces este mundo / es falso y traicionero, / y la riqueza y el poder / que por sí tienen los pechos / busca humana nobleza / para poder pretenderlo. / Como buen aragonés / se propuso tener el cielo, / y no existe hombre ni Dios / a aragonés detenerlo./ En su crisma, su razón,/ cabezón de nacimiento,/ y un crismón por corazón / fue la lucha de sus quieros./ Y la partida inició / la partida de este juego,/ que la victoria no es oro, / es vivir dentro de un sueño, / y no existe la derrota / que son otros derroteros / los que pretende el amor/ que despierta siendo eterno./ Luchó con y contra reyes,/ mas solo reina en su centro,/ y la guerra acometió/por tesoro verdadero./ Un lustro le aconteció,/ ilustre fue para el resto,/ una lucha interminable / que bien valió los esfuerzos./ Y Amor no tiene fronteras,/ mucho menos será el tiempo,/ y la Historia se repite/ para velar sus respetos,/ que otro lustro ha de pasar / pugnando con los gobiernos / porque este Bien de interés/de escudos sea cubierto./ En este mundo implacable,/ en este mundo imperfecto,/ debemos mirar atrás / para hallar nuestros modelos,/ que no existe ideología / si te guían tus deseos./ En estos días no hay Dios,/ ni posibles los ateos,/ ni banderas tricolores/ ni predestinados cetros. / Ni PP o PSOE que valga,/ ni luchas por los asientos,/ que de Ciudadanos la i/de Isabel es lo que veo,/ y de Podemos la D/del incorruptible Diego./ Que también fue dividida / la Península en su tiempo,/  y Teruel siendo frontera / deja Amor como portero./ No hay más Nación en el mundo/que la noción del sí quiero,/ ya vengan barras y estrellas/Teruel solo está en lo cierto./ Hoy Teruel el mundo encierra,/ mañana gobierna el resto,/ y mientras suenen campanas / estará encendido el fuego,/ bien sea de la pasión/ bien sea del fin del tiempo,/ que lágrimas y sudores/ unen al que ama y al muerto./ Pero en la boda pactada,/ o en su agrio y excelso encuentro,/ somos solo Amor y Hermanos,/ no existen los extranjeros./ En la plaza del Torico,/ la catedral o el museo,/descansando en el hotel,/ o haciendo fiesta y bebiendo,/ o sobre rodo rezando/y mostrando tus respetos / postrándote ante las tumbas/ Supremas del mausoleo./ No importa lo que se piensa,/ solo somos sentimiento,/ que hoy en Teruel no hay naciones/más allá de la del cielo./ Entre lloros y alegrías/del respetable concejo/esta villa de Teruel/se viste con rojo velo./ Ya sea desde pantallas,/ ya sea en "vivo" y directo,/ ya seas un natural/o un nativo extranjero/todos formamos un todo/de este secular cortejo./ Ya se escuchan los tambores,/ ya se ve a los caballeros/que desfilan orgullosos,/ flanqueados por lamentos,/ custodiando los espíritus/ de los más grandes ejemplos/ de lo que ha sido y será/el sentimiento Supremo./ Tan cortos se hacen los días/tan pronto se hace el regreso/que se siente la traición / que pudiera vivir Diego./ Retorno al siglo veintiuno,/ con fuerza rezo un deseo,/ "no quiero esperar un año,/ que he aguardado ochocientos"./ Al menos sé que es seguro,/ que no existe algo más cierto/como regresar por siempre/hacia el decimotercero,/ número bien denostado,/ mal entender de esperpento,/ que será la plenitud/ del Amor del Medioevo,/ la mejor definición/del corazón más sincero:/ Amar es carta cerrada,/ y el pozo mejor abierto;/ una noche soleada/ del verano más postrero./ Amar es tierna dureza,/ es trabajar sin esfuerzo,/ cansarte cuando descansas,/ caerte sin un tropiezo./ Perder sin haber luchado,/ el más inútil consejo,/ el daño más indoloro,/ el más científico rezo./ Es espacio temporal,/ el más divino Arquitecto,/ que hizo con el corazón/ el mayor experimento:/ formó de su don blasfemia,/ jugó a ser un Dios perfecto,/ utilizó su razón/e hizo del Amor su invento,/ derramando donde quiso/ese quiero tan certero./ Es incansable invasor,/ a cuya expulsión me fuerzo;/ irónica persuasión/ a cuya Nación me dejo./ La justicia menos ciega,/ un pacífico armamento,/ la lección más ignorante/ del más sabio de los maestros./ Es estudio irrepetible,/ compuesta en prosa y en verso,/ la saciedad más hermosa/de los Amantes sin miedo./ Es leyenda verdadera,/ incontrolable secreto/del preso más liberado,/ del Santo más irredento./ Es el fin más inmortal/ del pecador más confeso,/ una lágrima desierta/ en el más fértil desierto./ El mito jamás contado,/ imitado sin espejos,/ olvidado por el hombre,/ recobrado por el tiempo,/ deseado por el loco/reclamado por el cuerdo./ Un poder intitulable,/ iniciar el alfabeto/con la fe de que "acabar"/ y "Amor" no tiene igual comienzo./ Todo eso es y mucho más,/ aunque otra idea aquí quiero/ dejar clara del Amor/ antes de quedarme muerto:/ Amar es por sí esperar/ en la Tierra o en Cielo,/ en las sombras o en las luces,/ en balcón o en el infierno,/ al sufrir más poderoso,/ al más ruidoso silencio…/ El fin de toda esta guerra/ que es conquistar un imperio:/ Un beso... Uno solamente./ Vida y paz... Solo en un beso…/ Todo es eterno y posible,/ una leyenda, un deseo,/ que en mi vida este Isabel,/ y en mi muerte imite a Diego, /que es el mito de vivir, /solo en ello, solo un beso…
Me he quedado sin aliento… Dicen que somos dos misterios… Me he quedado en desconcierto… Dicen que somos dos principios… Torna jura en crisantemo… Amor posee un noble Principio… Vivo y muero por un beso…