Tú por yo igual-dá

Tú por yo igual-dá

El teatro del mundo es el
eterno mal ensayo de un buen guión.


Hacía tiempo que no tenía noticias de él; vivía fuera por trabajo, o porque quería, o porque nobleza obliga, o por algo de eso. Sea lo que sea, lo importante es que a pesar de la diferencia de edad, de pensamiento... A pesar de la diferencia somos buenos amigos –el perfecto ejemplo, tal vez-.
Decía que lo primero que había pensado cuando aterrizó era en venir a verme, lo cual me sorprendió bastante, aunque no quisiera yo dudar de lo que dice, más que nada por no empezar a debatir de quién es más amigo de quién, y porque nunca hay que rechazar comentarios como éste -por si son los últimos-.
Me avisó de que llegaría sobre las tres de la tarde, así que comí deprisa para dejarlo todo ordenado antes de que llegara; sin embargo, se me olvidó lo más importante, lo que nunca hay que tener encendido si tienes un amigo que piensa que fue antes el rojo que el color:
- ¡Viva el señor emigrante! -le dije nada más verle entrar por la puerta, sin pensar en las consecuencias (hacía mucho que no hablaba con él, y se me habían olvidado sus buenas costumbres)-.
- Calla, calla, que no sabes cómo llego: tras horas de espera en el aeropuerto por los incompetentes que hay por el mundo (luego dicen que si exilio español, que si no sé qué… ¡Más españoles en Europa y se les iba la tontería!); bueno lo que te decía, tras esa maravillosa experiencia, embarcamos en un cacho de chatarra, que estaría hecha con los últimos pedazos de un tanque checoslovaco, y me sientan al lado de un…
- Total -le interrumpí, sabiendo que el pobre árabe, al que seguro que le iba a poner un adjetivo alqaediano-, que muchas ganas de verme, y ni un triste abrazo-.
- Perdona, tienes razón. Ven a mis brazos, compañero… -aquel abrazo de reconciliación me dio la sensación que significaba que aquel muchacho, que se marchaba por la fuerza, se iba a quedar definitivamente con nosotros. Aunque ello también conllevaba que, con él, venía el paquete estándar de comentarista, pues aún no nos habíamos separado y concluyó:- Pero a Europa le hace falta mano firme.
- Voy a por algo de beber, deja las cosas donde puedas -le dije, zafándome de aquellas letras que se unían sin saber por qué, mientras me encaminaba a la cocina. Poco tardé en prepararlo todo, aunque en ese rato le empecé a dar protagonismo a los recuerdos que tenía con él, y categoría de thriller a los que estaban por llegar, y que, en esa misma tarde, iban a despertar. Cuando salí me lo encontré rebuscando en la bolsa de mano que había traído:-.
- Sé que no es mucho, después de tanto tiempo, pero…
- Ni hacía falta siquiera que me trajeras nada -le dije, dejando las cosas en la mesita que había entre el sofá y el mueble, y mientras se daba la vuelta.-
- Insisto en que aceptes esto… -me reafirmé en el comentario anterior, aunque esta vez usando mi voz interior, cuando me enseñó aquel presente, que tan presente sigo teniendo. ¿Os imagináis esas camisetas de Benidorm de “me acordé de ti”? Pues ni parecido: tantos años por Europa y me trae una bota de vino con la cara de San Otmaro de Gales (que para quien no lo sepa fue el santo que os va a hacer mirar la wikipedia estando de vacaciones)-.
- Gracias... -contesté tras un silencio, en el que solo hacía que morderme el labio y afirmar con la cabeza incrédulo. Tras otro silencio, proseguí:- Julio… Amigo mío.
- De nada, hombre, sabía que te gustaría -me espetó con toda la seguridad que le dieron el resto de la santoral, doctores de la Iglesia y padres de la Unión Europea; me soltó una palmada “de las de antes” en el hombro, y se sentó en el sofá-.
Tras aquel turbulento inicio, estuvimos hablando, largo y tendido, de su vida por el viejo continente, y cuyas historias me reservo para otro momento, o directamente para mi epitafio. Realmente pasamos un rato agradable (el tiempo de esa conversación calculo que fue de una hora, aunque para estar seguros acudiré a la medida internacional: una botella), y pude rememorar aquellos buenos momentos, y también malos, pero que definieron nuestra amistad… Hasta que ocurrió lo inevitable: fui a la cocina a por otra botella, y nunca debí haber salido:
Julio estaba mirando la televisión, con la misma cara que se le queda a uno al descubrir que tus padres te pusieron el nombre, no por un héroe troyano, como siempre habías pensado, sino por la casualidad de abrir el libro de nombres y ser el primero en masculino de esa página, es decir, entre rabia e incredulidad.
- ¿Eres gay? -de entre todas las preguntas posibles que tenía a su disposición, mi buen Julio, al ver que el orgullo es nuestro, esa me soltó-.
Fue aquí cuando empezó todo:
- ¿Por qué? -le dije, como única respuesta posible para un Amante de la Historia-.
- Tú respóndeme; para empezar estás viendo la cadena…
- Verde -le ayudé a terminar-.
- No es el color precisamente que buscaba, aunque eso siempre te lo he permitido -efectivamente dijo “permitido”, pero alguno de vosotros puede que ya haya vivido su uso-. Pero es que además lo has puesto para ver… eso.
- Julio, para empezar, los heteros también pueden ver ESTO.
- Yo soy hetero, y no lo vería -se atrevió a decirme-.
- Bueno, yo soy católico y no vería 13tv (¿será por mal fario?). Pero es que además, aunque fuera gay, bisexual o lo que me diera la gana, ni te debiera importar, ni tampoco es algo que se deba “confesar”.
- Hombre, pero es bueno que la gente sepa lo que eres, más que nada por… -el silencio se hizo su ley, sabiendo que lo que dijera en esos momentos iba a marcar mis palabras y mi tono desde ese momento-.
- ¿Por avisar? ¿Por advertir? ¿Por alertar, incluso? -le volví a ayudar-.
- Pues mira, sí. Sería lo suyo saber si el hombre con el que estás sentado quiere estar en otra postura.
- ¡Julio, por Dios! Ya somos mayorcitos para eso. ¿O es que acaso tú vas “avisando” de que eres hetero para evitar que las mujeres que se sientan a tu lado no se asusten al saber que quieres verlas en otra postura?
- No, claro, pero porque eso ya se sabe.
- No, claro, pero porque como ellas ya huelen tus feromonas no se sientan a tu lado -de repente, y sin saberlo, Julio se empezó a reír, no sé muy bien si por la situación, mi comentario… Al menos se agradeció un poco menos de tensión, que poco duraría-.
- Es que eso es lo normal -aquella triste palabra, tan temprana en el debate que se había iniciado, hizo levantar mucho polvo-.
- Son precisamente esas ideas las que evitan la normalidad de lo que en sí mismo ya es.
- No te confundas, eh, que yo tengo amigos, y alguna amiga y familiar, que son gais, lesbianas y todo eso.
- ¡Échale pulgas al perro! Ese es el peor comentario que has podido hacer.
- Pero, ¿por qué? Si no pasa nada.
- Pues claro que no pasa nada, y no debería pasar nada. Mira -ya que parecía que nuestro reencuentro se había normalizado, puesto que empezábamos el primer debate de la temporada, me llené el vaso-, la indiferencia es el mejor orgullo.
- Ahora sí que no te entiendo nada. Osea que me criticas porque te digo algo cuando estás viendo eso, o esto o como quieras, te pregunto si tú también lo eres, ¿y ahora me dices que deberíamos pasar de todo?
- Pues sí. Y te diré por qué.
- Porque según vosotros -efectivamente, dijo vosotros- todos nacemos bisexuales, y ya a partir de ahí que cada uno haga un vivalavirgen con su vida, sin preocuparse del daño que puede hacerse a sí mismo y a los que le rodean.
- Julio, la sexualidad no es fumar. Además, ¡qué me estás contando de esas chorradas! Yo qué sé si nacemos bisexuales o con forma de cerdo; a mí no me metas en teorías científicas, médicas o parapsicológicas, que no entiendo más que lo que podía entender Feijoo.
- Otro buen político; y también gallego, para que veas.
- ¡El Padre Feijoo! Un ilustrado a quien te recomiendo leer.
- Deja a un lado erudiciones y dime por qué te contradices.
- No lo hago; afirmo que el mejor orgullo es tratar esto con la misma indiferencia (la no diferencia) con la que te he dicho antes: si tú a tus padres a los 16 años no les dices “oye, mirad, que soy hetero”, a estas alturas tampoco tendría que producirse escenas incómodas con las demás sexualidades. Repito, eso es lo que debería ser: simplemente presentarles a tu pareja, y queredla como otra parte más de la familia.
- Por esa misma regla de tres, aquel o aquella que no se sienta con el sexo que por naturaleza le ha tocado tendría que operarse, y cuando regrese a casa convertida en yo qué sé, pues sus padres que no se sorprendan: “mamá, papá, ya he llegado, ahora podéis llamarme Sofía”.
- No banalices con esto, por favor. Obviamente hay casos y casos, pero te quiero decir que la sexualidad, y el sexo, de una persona solo competen a esa persona, y a nadie más. Y aunque estuvieras en lo cierto, y Dios dijera: “tú, hombre; tú, mujer”, solo a Él le compete juzgar, a nadie más, y mucho menos a los curas y obispos que, en su haber, tienen delitos mucho más penosos que el de amar a una persona del mismo sexo, que hasta ayer, como quien dice, aún era pena de cárcel.
- “Dios los creó varón y mujer” -me recitó desde el púlpito-.
- Vale, vale. Sigamos por esa línea. Al igual que crees en Dios, también creerás en esas tonterías –le inquirí con ironía- de amar y respetar al prójimo, ¿no?
- Pues claro.
- No lo dudaba, como todos los que se han leído la Biblia para ser de curas hacia arriba, y luego no hacen caso a lo que dice el Jefe (incluso el vicejefe, que el nuevo Papa también dice que no somos nadie para juzgarlos).
- ¿Acaso te la has leído?
- El Nuevo Testamento sí, y el Manifiesto Comunista también –mientras Julio iba sacando el teléfono para llamar a un psiquiatra, o al cura del pueblo para hacer el papeleo de la excomunión, continué-, y no encuentro mucha contradicción.
- Dejando a un lado el asunto divino, aunque es muy poco probable que Dios acepte las perversiones y barbaridades antinaturales que cometen…
- ¿A qué barbaridades te refieres? -impidiéndole continuar-.
- ¡Pero es que no ves cómo van! -me hizo ademán de mirar a la televisión, mientras pasaba un grupo de personas en tanga, y alguno con plumas y vestimentas de cuero-.
- Claro, y te parece mucho menos decente que esas personas defiendan con ORGULLO sus legítimos derechos, a que una persona trajeada vaya día sí día también a los juzgados; cuando no, directamente, la misma política que debieran concederles con el mismo orgullo sus legítimos derechos, protege, sin embargo, a los elegantes.
- Hombre, pero no mezcles peras con manzanas -ante eso, que dudo que supiera lo que decía, agarré la botella, y brindé por la normalidad-…
Durante unos minutos nos callamos para mirar un poco las entrevistas que iban haciendo, y el desarrollo de la marcha, cuando surgió un comentario que hizo saltar las alarmas de Julio:
- ¡Ajá! Ves como al final no tienen una plenitud moral, ni son tan superiores…
- Pero, Julio, vamos a ver, lo primero estás hablando como si fueran una especie aparte (ellos-nosotros); si es que en ese mismo comentario os contestáis a vosotros mismos.
- ¿Acaso ahora no me has categorizado, y antes me has criticado por ello?
- Tienes toda la razón, y te pido disculpas. Pero me da pie a lo que te quiero decir: mira, ya sabes que odio las etiquetas, de hecho, me ha cabreado más que me preguntaras (etiquetaras) de gay que otra cosa. Hay que mirar lo de dentro, amar el interior, buscar en el interior, tuyo y de los demás, para saber lo que quieres, de ti y de los demás. 
- A ver, que yo solo digo como se denominan a sí mismos: heterosexual, homosexual, bisexual, pansexual… El LGTBI ese.
- Está bien, pero el Amor, al final, no tiene más nombre que el suyo propio: para mí, la libertad acaba donde puedas hacerte daño a ti mismo o a los demás, a partir de ahí puedes ser Lo Que Decidas Ser y Amar (LQDSA).
- Me estás tomando el pelo, ¿verdad? Solo un hombre y una mujer pueden amarse, y de ese amor dar el fruto de la vida.
- Y vuelta a la Biblia… Que sepas que el amor sí que es divino; tanto que es como los ángeles, no tiene sexo.
- Vale, no te gustan las etiquetas, pero luego bien que criticas a que la Iglesia, y, sobre todo, la “perversa derecha” es la única malvada en esta historia, cuando la izquierda ha gobernado en muchos países y en muchas ocasiones, y aún sigue habiendo lugares donde no están legalizados sus derechos.
- El problema de ello es que dos no se pelean si uno no quiere, y si aún no se legaliza, es porque sigue habiendo una oposición conservadora…
- Y la culpa, por supuesto es de la derecha.
- Yo no digo eso; del mismo modo que no me gustan las etiquetas, tampoco me gustan las generalidades. El ejemplo más sencillo es el propio ejemplo: siempre habrás oído decir que todos los hombres guapos o están casados o son gais, o que los gais son muy afeminados, y las lesbianas muy masculinas; ¿acaso todos los hombres rudos y de pueblo no pueden ser ni lo uno ni lo otro?
- Sí, pero lo que han dicho no tiene que ver con el físico, sino con la ética.
- Obviamente hay de todo en todos lados, que es lo que acabas de escuchar en la televisión: del mismo modo que hablábamos de una parte de la Iglesia que sigue demonizándolos, mientras otra parte, incluido el Papa, habla con esa “in-diferencia respetuosa” que te digo, dentro de los propios colectivos hay personas machistas, racistas y de todo: ¡porque son personas! Como tú y como yo, que se sienten diferentes a su sexo, que aman a su mismo sexo, que sienten diferentes cosas.
- Yo siento amor hacia las mujeres, y no por ello por desnudo por las calles de Madrid gritándolo con orgullo.
- Bueno, cuando te emborrachas sí -con ello conseguí sacarle una risa cómplice, recordando que el alcohol iguala al mundo-. Además, el orgullo es, precisamente, una forma de reclamar sus derechos.
- ¿Así que es una manifestación?
- Sí, hijo, sí. Por desgracia.
- Ahora vuelves a ser tú el que no está de acuerdo con todas estas payasadas.
- Con lo que no estoy de acuerdo es con que sigan siendo necesarias estas MARCHAS. Los heteros no tienen un desfile porque no lo necesitan, porque ellos son tratados por la sociedad con la misma normalidad con la que se deben ver anuncios con un matrimonio homosexual.
- No hay razón en que eso sea normal.
- Solo el ignorante cree que tiene la razón.
- ¿Y eso no es insultar?
- Tienes razón. Pero, con todo, debes admitir que esto no sería necesario si cambiaran los comentarios que me estás haciendo. Porque, es verdad, ellos tienen un día, pero porque en toda su Historia han tenido (y siguen teniendo) cárcel, y porque en toda su vida han tenido (y siguen teniendo) miradas, críticas y aislamiento.
- Al menos entenderás que yo no pueda ver coherencia en eso.
- En verdad, no. Mira quién está ahí -le dije señalando al televisor-, figuras de la derecha española, alguno incluso es gay, y está casado, cuando hace unos años se manifestaban contra eso.
- Ahora dirás que las cosas cambian, y que me he de adaptar porque así ha de ser.
- No, no, para nada. Las cosas han de cambiar, efectivamente, pero tú puedes pensar lo que quieras, siempre que no hagas daño a los demás.
- Eso es lo que hago; tampoco voy a raparme la cabeza y a tirarles piedras: que no lo acepte no significa que pretenda acabar con ellos.
- Eso sí que es un avance, y no que estén presentes en el orgullo; eso no es que en diez años hayan tenido una revelación, eso solo es “postureo político”.
- ¿Entonces cuál puede ser la conclusión?
- Ello mismo, que debería haber una conclusión. ¿Sabes quién dijo “ama y had lo que quieras”?.
- Me suena, pero ahora mismo no lo sé.
- Pues eso ya se dijo hace bastantes siglos. Una perfecta teoría (el guión) de una obra que ninguno vamos a ver estrenada.
- Sabes que tú y yo no discutimos, solo debatimos, y sé que nos respetamos, decimos lo que pensamos; pero por mucho que cambien las normas, no lo harán las costumbres.
- Que los que en nombre de esas mismas costumbres, y, especialmente de Dios, ataquen a sus semejantes, eso sí debería considerarse pecado y blasfemia.
- Y por mucho que en este salón lleguemos a algún acuerdo, solo será la punta de un iceberg por cambiar (el miedo en el mundo del deporte, la igualdad y el respeto en las profesiones, evitar el bullying, las agresiones, etc.), y aún que acordemos algo, nosotros tampoco cambiamos nada.
- Nosotros, todos, incluidos ellos, que tod@s somos una minoría, porque todos somos igual de diferentes –me daba la sensación de haber entrado en un momento de la conversación en que los dos decíamos cosas similares, pero sin atendernos-.
- Yo seguiré pensando lo que pienso, y tú, lo tuyo; yo te respetaré, y tú me respetarás; nos dejaremos vivir, y viviremos juntos –y en este instante se había alcanzado el fin de la marcha-...
- Querido Julio, somos normales en la diferencia; ahí está la normalidad de la in-diferencia. 
- ¡Qué filosófico eres a veces! Si lo sé, no regreso -nos reímos y brindamos-.
- Si no hubieras venido, seguramente nunca (o muy tarde) hubiéramos tenido esta necesaria y abierta reflexión. Sin embargo, me habrías hecho un favor…
- A ver, sorpréndeme.
- ¡Que podría haber escuchado atenta y pasionalmente a Cristina Pardo! –Julio se echó a reír- Esa mujer me enamora, y dice verdades como templos.
- Tal vez como nosotros hoy aquí –creo que con ello quería decir que había que dejar la fiesta (del orgullo) en paz-.
- La vida es corta, las opiniones breves y la gente es contingente… Vivamos, hablemos y convivamos; todo lo demás, a quién le importa...




ADVERTENCIA: cualquier parecido de Julio (o mío) con alguna persona de vuestro entorno es pura casualidad… Pero como yo no creo en las casualidades, hacéroslo mirar.


El Principio de la A

El Principio de la A

Dicen que somos dos misterios, dos principios -que son también fines y fin-, solo comparables y compartidos con el de la vida misma: el de la Muerte, la ley de Thanatos, invariable e imbatible, que nos espera al final de este camino; el del Amor, el Eros -que en tantas ocasiones se convierte en eras…-, y que algún Maestro señalaba que nos ayudaba a sobrellevar el propio camino.

Dicen que quien dice esto habla con el tino de la locura… Al menos que se diga, que es la rosa de la vida eterna; pues lo que queda dicho, si no ahora, más tarde se escribirá y se convertirá en teoría inmortal. Una de esas teorías, axioma incuestionable, reza que todo lo importante es un hecho principal; y lo principal, al ser capital, debe llevar mayúscula:
Es por ello por lo que ciudades como Teruel llevan mayúscula, sin ser de otra manera, pues es la Capital del Amor capital… En ella se escaparon dos nombres –con su Amor hacen Trinidad- que se conjugan en este Teorema: que es la A el principio de la lengua humana; capital, pues, arrastra Todo: Amantes; Beso; Caridad; Diego; Eternidad; Futilidad; Gesta; Honorable Indulgencia; Juego Krausista; Luz; Música; Necesaria Oscuridad; Paridad; Quietud; Risueña Soledad; Teruel; Universitas; Valentía; Werther; Ysabel; Zanja…

Esta es la Historia -y lo digo, y repito, con H mayúscula; con todo el orgullo, y toda la paciencia de los que intenten criticar esta Verdad- de una de esas rosas inmortales; la más espinosa de todas; la de los vientos que me guían; la jamás contada y por siempre vivida.

Y empezarla no ha sido fácil, acabarla lo será menos, que se convertirá en la extrapolación misma de la misma Historia que aquí contemos… Y ya me noto distinto, una fuerza me ha invadido, aunque siempre la he notado, y a todos os reclamo, por no decir insisto, que atendáis a tal Verdad, que en vosotros ya habréis sentido:
Y para ello me rindo al mismo destino, cortejo eterno y feudal, cabalgando en la guerra del suspiro; que mi Pasión ha guiado lo que escribo, y una duda se me postra ante dos gritos: el uno, que es el objetivo; el otro fuerza al propio mito.

Y en vida tengo pechos altivos, tríada sagrada que en uno solo yacen conmigo: soy Amante de la Historia, y con el pasado me mido, que es medida de todo, y media que un todo me hizo; y como nada sin nada nunca ha sido, sin Historia yo me siento vacío.

El segundo, pareja, que es testigo de la Verdad intensa con la que me defino; que también soy Poeta, promesa de un final votivo; que sin ella no soy vivo, por ser amado cortejo, infante y esclavo de este milenial catecismo. Y como la fe sin fe nunca ha sido, sin Poesía yo me siento vacío.

Y en la tercera soy vencido, naturaleza como las demás -como las demás no la elijo-, pero no se debe cambiar las razones por las que existo: que soy de Teruel por siempre, y por siempre me resisto a querer ser más de lo que soy vitalicio. Y como la Vida sin Vida nunca ha sido, sin Teruel yo me siento vacío.

Y estas tres formas en una sola se ven atraídas, más bien en dos, que al inicio, como fugitivos, ya he jurado mis servicios.
Por ello, como Historiador escribo, con la comparsa de la memoria, que al final es la huella que administro, que sin memoria no hay un continuo, y estas voces que se viven con los cinco sentidos, mucha vida ya han sentido; y por ello como Poeta lo presido, que sin presa del corazón, uno vivo con desatino, si es que vivir se puede con un pecho suprimido; y por ello como Turolense lo vivo, que desde la cuna soy Amante, y en la tumba no lo extingo, que entre un toro y una estrella existe todo un Paraíso, y para empezar estas letras, que Dios en Carne hizo, como se fuese un librero, yo también guardo a los libros, y a lo que ellos conservan por ser Universum divino, de igual forma le otorgo al consejo que aquí inquiero, que de seguro habrá excomunión para aquel engreído que quite, distraiga o haya ofendido esta Pasión que por todo el mundo grito, y no habrá absolución, si no reintegra su perjuicio.

Y aquí os dejo mi visión, tal vez cambie el sonido, pero para nada la esencia del que uno se ve ennoblecido, Palabras y Sentimiento que traspasan pliego, tablet y pergamino:
Comienzo como creo debo hacerlo, pidiendo perdón a mis hermanos, por si alguna falta cometo, aunque dudo que ello vaya a suceder, porque me guía mi pecho.
Y empiezo, he dicho, porque debo, porque es secular actualidad y, sobre todo, porque creo, que es justa virtud que hace, de mi alma, cuerpo. Y me muerde así el deseo, de contar, como hombre, lo que viví como guerrero, en la guerra de los vivos y la fiesta de los muertos.

En todo el mundo se viven, pero en Teruel fueron los alientos; otros la contaron a sabiendas que aquí se sintió primero, este principio inmortal que a partir de ahora os reglo:

(Este falso trovador/os recomienda un consejo: / para hacer fácil lectura / haced en word copio-pego / y sustituid las barras / por cada línea un verso. / Solo me queda añadir / que tengáis el pecho abierto / ante poderosa Historia / que por todos fuese ejemplo / de una lucha sin igual / por el Amor verdadero)... / Nada para este romance / vale más que un romancero, / aunque en mármol o pintura / se inmortaliza el reflejo, / que no es historia pasada, / es suspiro compañero, / pues todo aquel que respira / posee este fin excelso. / Que el corazón solo late / solo lo piensan los necios.../ Leed, atended, sentid / el poder de estos dos fuegos… / Sin ser leyenda esta vida / le otorgamos un fiel credo, / pues leyendo esta leyenda / sabréis que también fue cierto. / Y el Amor no tiene leyes, / solamente tiene fueros,/ aunque a veces este mundo / es falso y traicionero, / y la riqueza y el poder / que por sí tienen los pechos / busca humana nobleza / para poder pretenderlo. / Como buen aragonés / se propuso tener el cielo, / y no existe hombre ni Dios / a aragonés detenerlo./ En su crisma, su razón,/ cabezón de nacimiento,/ y un crismón por corazón / fue la lucha de sus quieros./ Y la partida inició / la partida de este juego,/ que la victoria no es oro, / es vivir dentro de un sueño, / y no existe la derrota / que son otros derroteros / los que pretende el amor/ que despierta siendo eterno./ Luchó con y contra reyes,/ mas solo reina en su centro,/ y la guerra acometió/por tesoro verdadero./ Un lustro le aconteció,/ ilustre fue para el resto,/ una lucha interminable / que bien valió los esfuerzos./ Y Amor no tiene fronteras,/ mucho menos será el tiempo,/ y la Historia se repite/ para velar sus respetos,/ que otro lustro ha de pasar / pugnando con los gobiernos / porque este Bien de interés/de escudos sea cubierto./ En este mundo implacable,/ en este mundo imperfecto,/ debemos mirar atrás / para hallar nuestros modelos,/ que no existe ideología / si te guían tus deseos./ En estos días no hay Dios,/ ni posibles los ateos,/ ni banderas tricolores/ ni predestinados cetros. / Ni PP o PSOE que valga,/ ni luchas por los asientos,/ que de Ciudadanos la i/de Isabel es lo que veo,/ y de Podemos la D/del incorruptible Diego./ Que también fue dividida / la Península en su tiempo,/  y Teruel siendo frontera / deja Amor como portero./ No hay más Nación en el mundo/que la noción del sí quiero,/ ya vengan barras y estrellas/Teruel solo está en lo cierto./ Hoy Teruel el mundo encierra,/ mañana gobierna el resto,/ y mientras suenen campanas / estará encendido el fuego,/ bien sea de la pasión/ bien sea del fin del tiempo,/ que lágrimas y sudores/ unen al que ama y al muerto./ Pero en la boda pactada,/ o en su agrio y excelso encuentro,/ somos solo Amor y Hermanos,/ no existen los extranjeros./ En la plaza del Torico,/ la catedral o el museo,/descansando en el hotel,/ o haciendo fiesta y bebiendo,/ o sobre rodo rezando/y mostrando tus respetos / postrándote ante las tumbas/ Supremas del mausoleo./ No importa lo que se piensa,/ solo somos sentimiento,/ que hoy en Teruel no hay naciones/más allá de la del cielo./ Entre lloros y alegrías/del respetable concejo/esta villa de Teruel/se viste con rojo velo./ Ya sea desde pantallas,/ ya sea en "vivo" y directo,/ ya seas un natural/o un nativo extranjero/todos formamos un todo/de este secular cortejo./ Ya se escuchan los tambores,/ ya se ve a los caballeros/que desfilan orgullosos,/ flanqueados por lamentos,/ custodiando los espíritus/ de los más grandes ejemplos/ de lo que ha sido y será/el sentimiento Supremo./ Tan cortos se hacen los días/tan pronto se hace el regreso/que se siente la traición / que pudiera vivir Diego./ Retorno al siglo veintiuno,/ con fuerza rezo un deseo,/ "no quiero esperar un año,/ que he aguardado ochocientos"./ Al menos sé que es seguro,/ que no existe algo más cierto/como regresar por siempre/hacia el decimotercero,/ número bien denostado,/ mal entender de esperpento,/ que será la plenitud/ del Amor del Medioevo,/ la mejor definición/del corazón más sincero:/ Amar es carta cerrada,/ y el pozo mejor abierto;/ una noche soleada/ del verano más postrero./ Amar es tierna dureza,/ es trabajar sin esfuerzo,/ cansarte cuando descansas,/ caerte sin un tropiezo./ Perder sin haber luchado,/ el más inútil consejo,/ el daño más indoloro,/ el más científico rezo./ Es espacio temporal,/ el más divino Arquitecto,/ que hizo con el corazón/ el mayor experimento:/ formó de su don blasfemia,/ jugó a ser un Dios perfecto,/ utilizó su razón/e hizo del Amor su invento,/ derramando donde quiso/ese quiero tan certero./ Es incansable invasor,/ a cuya expulsión me fuerzo;/ irónica persuasión/ a cuya Nación me dejo./ La justicia menos ciega,/ un pacífico armamento,/ la lección más ignorante/ del más sabio de los maestros./ Es estudio irrepetible,/ compuesta en prosa y en verso,/ la saciedad más hermosa/de los Amantes sin miedo./ Es leyenda verdadera,/ incontrolable secreto/del preso más liberado,/ del Santo más irredento./ Es el fin más inmortal/ del pecador más confeso,/ una lágrima desierta/ en el más fértil desierto./ El mito jamás contado,/ imitado sin espejos,/ olvidado por el hombre,/ recobrado por el tiempo,/ deseado por el loco/reclamado por el cuerdo./ Un poder intitulable,/ iniciar el alfabeto/con la fe de que "acabar"/ y "Amor" no tiene igual comienzo./ Todo eso es y mucho más,/ aunque otra idea aquí quiero/ dejar clara del Amor/ antes de quedarme muerto:/ Amar es por sí esperar/ en la Tierra o en Cielo,/ en las sombras o en las luces,/ en balcón o en el infierno,/ al sufrir más poderoso,/ al más ruidoso silencio…/ El fin de toda esta guerra/ que es conquistar un imperio:/ Un beso... Uno solamente./ Vida y paz... Solo en un beso…/ Todo es eterno y posible,/ una leyenda, un deseo,/ que en mi vida este Isabel,/ y en mi muerte imite a Diego, /que es el mito de vivir, /solo en ello, solo un beso…
Me he quedado sin aliento… Dicen que somos dos misterios… Me he quedado en desconcierto… Dicen que somos dos principios… Torna jura en crisantemo… Amor posee un noble Principio… Vivo y muero por un beso…


T.R.U.M.P.

T.R.U.M.P.

Donald J. Trump es el sueño americano. Literalmente es la imagen de un país que aún sigue dormido; la imagen de un país que todavía mantiene como símbolo la libertad (os pido un favor gráfico, ahora imaginadme tosiendo y farfullando  entre dientes palabras aleatorias tipo, no sé, Vietnam, Irak o cosas así).

¿Que cómo es que con la que se nos viene encima me pongo a hablar de Trump? ¿Que por qué me centro en el rival de Hillary Clinton y no en el rival de Susana Díaz? ¿Que si pienso realmente que estas líneas van a producir que el país más poderoso del mundo mundial, aquel que desafía al tiempo, el único capaz de producir mareas universales, el inigualable entre los fantásticos, el maravilloso entre los excelentes cambie a una actitud propia de un Estado “normal” y deje de jugar al ajedrez con este planeta? Pues no. Pero me gustan los retos. Además, ¿qué es lo peor que me puede pasar? ¿Que gane Trump las elecciones, mande al FBI a buscar insultos hacia su persona y tenga que buscarme una embajada donde vivir como un delincuente solo por decir la verdad y nada más que la verdad? Mmm… Pues tampoco sería para tanto.

En definitiva, quiero contaros las cuatro ideas que se me pasan por la cabeza acerca de todo esto, y mostraros cómo creo que podría ser la trayectoria inmediata de esta situación:
Pero, como ya sabéis que no puedo evitar hablar un poquito de Historia, voy a hacer un brevísimo paréntesis -ya que no pienso, ni quiero recordar el sino estadounidense- y recordar una vieja leyenda, muy breve, pero muy significativa -seré tan breve como las lágrimas por la Segunda Enmienda-:
Se dice de Nabucodonosor II muchas cosas, entre ellas que fue el soberano más grande del Mundo Antiguo, capaz de unificar bajo su poder el Próximo Oriente Antiguo; un gran gobernante, un gran guerrero y un amante tal, que fue capaz de olvidar que su matrimonio fue por alianzas estratégicas para regalar a su esposa los magníficos Jardines “Colgantes” (más bien “salientes”) para que no olvidara su Persia natal.
Se dice además que una noche tuvo un sueño profético, que se recoge en el Libro de Daniel, en el cual se apunta que Dios le enseñó a Nabucodonosor el destino del mundo, cuya Historia se iba a dividir en cuatro fases, cuatro Imperios marcados con cuatro metales simbólicos (oro, plata, bronce y hierro), tras los cuales llegaría el reino perpetuo.
Muchas opciones se han barajado para apuntar estos cuatro Imperios, y muchas sucesiones pueden ser válidas; sin embargo, todas ellas tienen algo en común, que me han servido para mostraros mi propia teoría, ya que todas tienen una sucesión solar, de Este a Oeste.
¿Cuál es mi hipótesis? No eran cuatro imperios, sino cuatro espacios; cuatro zonas de dominio: el Próximo Oriente Antiguo, actual Oriente Próximo, origen de la civilización, y marcado por el oro, que ha caído en la destrucción y el olvido (oro negro); nos trasladamos a los imperios mediterráneos, desde el romano hasta la Monarquía Hispánica, extendiéndose hacia el Atlántico, trayendo la plata para abrir la tercera fase, el inglés del carbón y el hierro, ampliándose a los Estados Unidos de América (¿IV Reich?); y, finalmente, el cuarto y último de los espacios que dominará el planeta, Asia, con su potente economía y su metal más preciado, la mano de obra globalizada.
Así se presentan en modo de líneas, esto es, Oriente Medio, línea vertical; Mar Mediterráneo, línea horizontal; Atlántico, línea vertical, y Asia sería otra línea horizontal. Esto no es aleatorio, porque si trasladas la línea asiática (|) y la juntas con la de Oriente Medio (—) tenemos… Exacto, el reino perpetuo, el Reino de los Cielos (+), y el material que nos llevará a ello será la locura y la bomba nuclear, precisamente en un lugar de gran actuación estadounidense.

Como habéis podido observar, todos los imperios vienen y van; todo sol naciente tiene su ocaso, y Estados Unidos no va a ser menos.
El problema es que hasta que eso ocurra seguimos estando en sus manos, y por ello estamos tan pendientes de lo que suceda el primer martes después del primer lunes de noviembre, ya que pueden pasar dos sencillas cosas: o bien subirá al trono por primera vez una mujer, o simplemente llegará la Tercera Guerra Mundial (PD: Feliz Día de Todos Los Santos)...
Sin embargo, Trump no es más que el estadounidensis comun, y todos sus discursos, que tantas veces los informativos presentan como una pesadilla, solo son lo que Estados Unidos lleva haciendo durante décadas, pero, no sé por qué, ciertas ideas, como poner una muralla entre México y el Imperio (¿acaso no hay ya una kilométrica valla?); bombardear hasta destruir al Estado Islámico (¿acaso no están destruyendo ya la vida sobre esa zona?)…, con el tito Donald nos parecen más aterradoras que con el tito Sam.
Sencillamente están presentando a Donald Trump como el diablo, cuando realmente es una justificación de lo que Estados Unidos quiere hacer, pero no sabe cómo hacerlo sin parecer malo, por lo que se lo echa en cara a una persona y aquí paz, y después guerra…

No estoy justificando a Trump... ¡Jamás! Pero Estados Unidos lleva mucho tiempo con un discurso similar, y cuando uno de sus ciudadanos lo hace público, lo atacan; pero cuando Estados Unidos ataca a otros países, razas y religiones de forma literal, entonces, todos le defienden.
Hace ya algunos años, un magnífico profesor de cine, literatura y de la vida, me contó un viejo chiste sobre Estados Unidos que parece tan malo que es verdad: “¿Sabéis cuál es el único país que avisa antes de asustar? EE... ¡UU!
Hace ya muchos años que sé que el que avisa no es un traidor, es simplemente una vergüenza: los crímenes de la humanidad no deberían tener doble vara de medir, que tan asesinos son los que hacen la guerra, como los que la incitan, y como los que la continúan en tiempos de paz.

Quisiera, si se me permite, ya que en la vida real dudo que tenga la oportunidad -entre otras cosas porque mi inglés es lamentable-, hacerle una entrevista al tan adorado Obama:
Buenas noches, señor Obama, déjeme hacerle alguna pregunta, antes de que se divierta tranquilamente con Ellen Degeneres: ¿qué opina un Premio Nobel de la Paz de la guerra y la barbarie? ¿Qué opina de la muerte, del infanticidio, de la horfandad bélica? ¿Y de la moral, qué opinión tiene de ella, o ella de usted? ¿Qué opina del mundo, o qué cree que el mundo dirá cuando sea usted el que esté bajo los pies del resto? ¿Por qué llora cuando muere gente en su país por las armas que no quita? ¿Por qué llora cuando muere gente en otro país por las armas que no quita? ¿Bailaría usted en Oriente Próximo? ¿Acogería en su enorme palacio a los refugiados? ¿Dejaría su país de generar más refugiados? ¿Cree usted en Dios? ¿Y en el hombre?

Estados Unidos lucha contra la opresión y los regímenes autoritarios, por lo que su lema teórico debe de ser: vive y deja vivir… Salvo si sois comunistas, afroamericanos, hispanos, árabes, asiáticos, rusos o Snowden.
Tal vez Hillary Clinton tenga razón, y cuando Donald Trump mira la Estatua de la Libertad solo le pone un 4. Sin embargo, Hillary, ¿quieres decirme qué ves tú, o tu marido, o todos y cada uno de los Presidentes de Estados Unidos que no han dejado vivir en libertad al mundo? ¿Quisieras explicarme por qué te crees valedora de los más prodigiosos dones divinos, capaz de regir a los demás porque, claro, eres de la única civilización civilizadora?
Una cosa que me sorprende sobremanera, a raíz de lo anterior, es la gran cantidad de puestos, puertos, asentamientos y un larguísimo etcétera de cuarteles que Estados Unidos tiene por todo el mundo (una ardilla puede viajar por todo el planeta sin tocar suelo); y es que he dicho cuarteles sin equivocarme, porque me recuerda mucho a los cuarteles de la Guardia Civil, dispuestos por toda España, vigilándonos. Del mismo modo, desde la capital del mundo, EE. UU., vigila el resto de provincias; aunque lo que realmente me sorprende es: ¿de dónde saca tanto dinero Estados Unidos para mantener todo lo que mantiene? ¿Tendrá paraísos fiscales o cómo lo hace?
En fin, señoras y señores, ojalá llegara realmente esto a manos de algún Presidente norteamericano (¿nunca os habéis fijado que el gentilicio de un ciudadano de Estados Unidos implica que toda Norteamérica forma parte de este desarrollado país?), y ojalá alguno se diera cuenta de lo que hace. Pero claro, ande yo caliente…
No sé lo que pasará dentro de una semana, ni de dos, ni si estudiaremos esto en los libros de Historia o dentro de unos años tengamos que volver a crear la Escritura… Solo sé que estoy harto de que haya alguien que nos tenga que decir lo que tengamos que hacer; harto de que haya que seguir unos límites establecidos, fuera de los cuales eres despreciado o atacado; harto de que un país, que hace doscientos años apenas era nada, ahora domine el mundo, y no haya Haya que le diga esta justicia es mía.
No sé nada, y cada día sé menos, pero sí conozco el lema del Imperio: E pluribus unum (De todos, uno); y éste me suena a, algo así como, “[…], omnes pro uno”, esto es, “[…], todos para uno”. Ante ello solo puedo decir: no dejemos que todos pertenezcamos a uno solo; descifremos esos puntos suspensivos, y cambiemos las profecías, interpretemos las leyendas… Rompamos las normas…

Que el mundo es uno y muchos, pero el imperio solo uno, y nosotros muchos... Omnes pro omnibus.


TORTASSO

TORTASSO

Supongo, porque yo ya no sé nada con certeza... Supongo, decía, que no seré ni el primero ni el último que califique de este modo las que fueron, en mi opinión, las elecciones más raras y con menos sentido que he tenido la desgracia de presenciar -y de pagar-.

Si ayer no hablé, o no dije lo suficiente que podía haber dicho, de la política española, hoy sí voy a dejar libre mi opinión; hoy sí que me voy a explayar y me voy a desquitar de lo lindo:

Para empezar un único dato: 130 millones; en realidad, un poco más. Eso es lo que nos ha costado la gracia de repetir las elecciones; total, ¿para qué? ¡Si estamos igual!... ¡Incluso peor!

El resultado de ayer fue desastroso; es el único adjetivo con el que puedo calificar lo que anoche pude vivir: después de llevar los resultados de las elecciones de mi pueblo a la capital provincial -algún día contaré esta historia-, volví a casa con ganas de meterme en la cama, para ver si esta mañana me despertaba y todo había sido una terrible pesadillas... En efecto, no solo no pude conciliar el sueño, sino que la pesadilla fue real, lo sigue siendo y lo será, porque lo que nos espera a partir de ahora, pase lo que pase, va a ser mucho peor de lo que podíamos tener hacer seis meses, y es que no hace falta ser analista político, ni periodista experimentado; ni siquiera hace falta ser un pobre bocazas que habla, sin saber, de todo lo que sucede a su alrededor -¡presente!-, para darse cuenta de que lo de ayer, además de no tener nada de sentido, y lo digo bajo mi punto de vista -aunque llevo gafas, a lo mejor alguno me puede corregir si es que me equivoco... O no-, va a ser como comprarse una máquina de hacer deporte: hemos pagado por algo que, o bien va a quedarse en un rincón cogiendo polvo, hasta dentro de seis meses que acaba la garantía y la devolvemos para volver a comprarnos otra cosa, o peor aún, la vamos a dejar en medio del salón -en este caso, del salón de la Moncloa- para recordarnos todos los días que tenemos que usarla, y será un estorbo con el que nos tropezaremos continuamente, y que tendremos que aguantar hasta el fin de los días.
Lo que sí es innegable es que Rajoy ha vuelto a ganar... Parémonos un momento; esperad... Disculpadme, pero es que necesito un poco de aire para repetir esto, y analizar con calma lo que voy a decir: Rajoy... No solo ha ganado... Porque... Es indiscutible... Nuestro, aún, Presidente... ¡Ha obtenido 14 escaños más! ¡14! ¡Pero es que eso es posible!

Yo puedo llegar a entender lo que algún profesor mío siempre nos había explicado, y es que la derecha, a diferencia de la izquierda, es mucho menos heterogénea, y su sector de votación es siempre el mismo. Con todo ello, puedo llegar a comprender, aun con mucho esfuerzo y mucha pena, que haya gente que vote las políticas del PP, y le parezcan correctas las medidas, digamos, no sé, abominables (¿se puede decir esto en horario infantil, no? Porque lo que tenía en mente era mucho peor); incluso podría mi débil y alocada razón entender que los que han votado al PP lo hacen por temor a una coleta viviente. Pero de ahí, a que haya gente, ¡mucha gente!, que ha votado, hasta para 14 escaños nuevos, a un partido que tiene corrupción hasta en los despachos anticorrupción... No puedo; es que eso es admitir que España no tiene futuro, y eso a mi edad es como quedarse sentado a ver pasar el huracán.

Pero si es que sé que en estas últimas elecciones votaron 200.000 nuevos jóvenes, pero según la maravillosa y excitante ley D'Hont -este hombre debió ser el cuñado de algún político, porque si no, no lo entiendo- apenas obtendría 4 escaños más, y eso suponiendo que todos esos nuevos votantes entregaran su primera papeleta a Rajoy, lo cual dudo, y no por nada, sino porque dudo que entre un gran número, como es ese, sea todo homogéneo, y habrá jóvenes que no comulguen con las ideas, poco colaboradoras en materia educativa y cultural, del señor Presidente que, por el momento, aún sigue siendo en funciones: este hombre con la tontería, y sin hacer nada en estos seis meses, salvo bailar bachata, merengue o lo que quiera Dios sea esa nueva música -¡de ahí vendrán los nuevos electores!- se va a pasar una legislatura en funciones. ¿Os imagináis cuatro años con una España en funciones? En plan, una motosierra de estas que se tira de una cuerda para ponerla en funcionamiento y no arranca, no arranca, no arranca... Pues igual.
En fin, disculpad por este arrebato -¡el arrebato también sería mejor Presidente!- de locura momentánea, pero cada vez estoy peor. Pero es que la situación tampoco me lo pone fácil para recobrar la cordura (si es que alguna vez la tuve): yo también vi a Rajoy en El Hormiguero, y -Dios me perdone por lo que voy a confesar- yo también me reí con él... Jamás pensé que iba a decir esto, pero lloré de risa con Rajoy. Pero eso tampoco justificaría este gran crecimiento, porque a mí como persona me pareció un tipo simpático, divertido, afable. ¡Pero ya está! Ahí se queda todo; como político no le votaría, aun habiendo pasado un rato agradable, porque no tendría sentido que alguien vota a una persona solo porque le cae bien. A mí me caen muchos políticos muy bien, pero no comparto su ideología; o me caen bien, comparto su ideología, pero, por otras muchas razones, han quedado secuestrados bajo la influencia de no sé quién, y tampoco les voto.

Hablando de esto, y cerrando ya el capítulo de nuestro futuro Presidente, entremos en ese maravilloso mundo que es la izquierda, izquierda-moderada, izquierda-extremista, socialdemocracia... Nunca me han gustado las etiquetas; ¡las detesto! Y, sobre todo, en política. Por ello, de lo que vamos a hablar es del PSOE y de Unidos Podemos, y punto:
Sin lugar a dudas el PSOE, junto con Ciudadanos, fueron los partidos más perjudicados de estas elecciones. Ambos perdieron escaños, y, sin defender a nadie, desde un punto neutral, una pregunta: ¿cómo es posible que los únicos que trataron de cocinar la tarta, ahora hayan perdido parte del pastel? Sí que es cierto que los discursos de Pedro Sánchez y Albert Rivera eran aburridos hasta más no poder, siempre con los mismos temas, y el mismo perjudicado, Pablo Iglesias... Un consejo: si, por un casual, me estáis leyendo: señor Sánchez, señor Rivera, el gazpacho, frío, y para lanzarle pullitas a Pablo Iglesias no hace falta sacar siempre Venezuela y el populismo, y tal y tal, que yo también me meto con él, y, si no me falla la memoria, jamás he mencionado esos temas...

Y sacando estos temas, vamos con el señor Iglesias... (Lo que diga ahora os recomiendo que lo leáis como si estuviera presentando a un boxeador): El único capaz de decir sus discursos versión rap a capela; el único que puede jugar con un bolígrafo sin perder el hilo de su discurso; el único que puede repetir un palabra como 'nosotros' mil y dos veces sin que pierda su sentido, aunque luego lo pierde cuando cambia ese 'nosotros' por el 'yo-de-los-sillones' (todo junto), y el único que puede destruir uno de los últimos partidos con los que tenía esperanzas que se podían cambiar las cosas, y dejar a su candidato, el único que, para mí, realmente se merece la presidencia, en el puesto número cinco; total para quedar exactamente igual...
Ay, Pablo, Pablo... ¿Qué ha pasado? ¿Realmente te compensa alabar al gran Zapatero y hundir al gran Garzón para que tú, pequeño amigo, te quedes como estabas? El caso es que tu discurso me gusta... Por qué será; por qué será... ¡Ah sí! Porque mezcla un poquito de lo que antes era IU, aderezado con una ligera salsa de moderación, y todo ello puesto en un cuenco de la izquierda indecisa... Y aun así... ¿Te das cuenta de que si no fuera por las mareas, y por la injusta ley electoral, se demostraría lo que todo el mundo sabe, que Garzón es el mejor para liderar a la izquierda, y que hubiera sido él el que saldría a los escenarios y te atraería a ti bajo su protección para que no te sintieras solo, y no al revés?

De verdad que siento si estas palabras pueden ofender a alguien; mi objetivo aquí no es atacar de manera gratuita y sin razón de ser. Simplemente es que estas elecciones han sido el culmen del despropósito humano, y solamente encuentro esta forma de desahogarme:
Tengo miedo; lo he de confesar: lo que siento es una mezcla de rabia -como se puede deducir de todo lo anterior- y de miedo e impotencia: ¿Ahora qué va a pasar? La respuesta es la misma de hace unos meses; solo queda esperar, y seguir escribiendo y opinando, pero es que uno ya se cansa de tener una voz y que apenas se la escuche -como bien pueden comprender los partidos pequeños-; uno ya se cansa de que los que mandan solo piensen en su porvenir y su permanencia en esos grandes salones, a costa de la desesperación de los demás; uno ya se cansa de tener que escribir lo mismo una y otra vez cada poco tiempo, aunque jamás dejaré de decir lo que pienso, que prefiero hablarle a un sordo, que morir fingiendo ser mudo...

¡Por cierto! Ferreras, el pactómetro va ser el juego de este verano; bueno, en realidad, también lo será de este otoño y ya, a este paso, de Navidad: las cuentas no salen -¡mira! Irónicamente, igual que las del partido más votado-; y la situación es mucho peor, porque ahora Rajoy sí que pedirá investirse como Presidente, pero ni con abstención, ni con alianzas, va a formar un gobierno holgado; y la izquierda, ídem.
¿Un posible trío? Bueno, a ver, me da a mí que, en estos asuntos, todos los partidos son bastante tradicionales, y ninguno va a permitir compartir tanto el poder -además, es que no hay combinación posible-.

En definitiva, nos encontramos con menos dinero y más problemas... Me gustaría ponerme en la situación en la que están ellos; simplemente para comprobar si realmente es tan difícil ceder individualmente, para ayudar colectivamente; si realmente valen tanto los sillones, como para rechazarlos en pro del interés común; si de verdad cuesta tanto un cargo, como para olvidar todo lo prometido unos días antes, mientras echabas una partida de guiñote con unos ancianos, los cuales sí que saben lo que es la lucha real para conseguir lo que ahora unos cuantos tratan como simples juguetes de feria; si de verdad esto puede continuar como hasta ahora.

Precisamente ayer, volviendo, como ya he señalado, de entregar los votos de mi pueblo en la Diputación, escuché en la radio un comentario que me gustó, y que aportó una idea de la que ahora no me había detenido lo suficiente en pensar: los partidos políticos son meros instrumentos; en teoría, no dejan de ser los intermediarios entre lo que la sociedad demanda y, más importante, manda, y el Gobierno, que accede ahí porque el pueblo así lo ha querido, y al pueblo han de ir dirigidos los beneficios. Por supuesto, los ciudadanos tienen unos deberes, y unas obligaciones que cumplir, pero eso mismo también lo tiene el Gobierno.

Debemos abrir los ojos ante el devenir que estamos teniendo; siempre haciendo lo que cada uno piensa, cree y siente; pero también lo que cada uno piensa, cree y siente que es lo correcto para todos, no solo para uno mismo -hablo en todos los sentidos; sin concretar en nada-. La libertad es un derecho que no solo empieza y acaba en un voto, sino que continúa antes y después de las urnas: opinando; hablando; saliendo a las calles; siguiendo y mejorando las bases que ya dejaron generaciones anteriores, porque nosotros algún día seremos una generación anterior, y nuestros sucesores tendrán la opción de seguir nuestro modelo o rechazarlo; depende de nosotros.


Lo que ocurrió ayer no es normal, o quiero pensar que no lo es. Por mi parte, cedo la palabra al resto. Aunque amenazo con volver. Hasta dentro de seis meses.


GENERALIDADES

GENERALIDADES

Hace unos días no tenía pensado escribir ninguno de mis habituales..., digamos, comentarios; no por nada, sino precisamente por eso, por ser habituales, repetitivos: generales. Sometidos todos a la irreverente actualidad que repiten hasta la saciedad, con datos exhaustivos que nada nuevo aportan a lo dicho ya cuarenta veces antes de la última.

Sin embargo, hoy sí me he atrevido a ponerme en frente de un teclado, que muchas veces se me ha resistido; ante una pantalla en blanco y ante unas palabras que se unen casi sin pretenderlo: como una verdad que se resiste a aparecer, que me deja en blanco, sin saber qué decir, pero que se muestra imperante, porque es su deber.

De esta forma, no quiero que esto sea un "artículo" al uso; aunque finalmente sé que así será. Quiero que esto sea un consejo, una opinión que abra los ojos, si no han sido abiertos ya, y que, sobre todo, abra las bocas, las manos y los corazones de los lectores que se atrevan a continuar a partir de aquí y apliquen esto en sus vidas.

Y no encuentro un día mejor para hacerlo que el de las elecciones -elecciones generales-; pero tranquilos, no voy a hablar de política, o al menos no quiero hacerlo; de hecho, aquí estoy, encerrado en casa, observando cómo los demás votan nuevamente a los que nuevamente hacen las mismas promesas, ven al pueblo y hacen lo que deberían hacer durante 365 días, solo durante una semana. Aunque, no os apuréis, que, a pesar de todo, me he vencido a mí mismo, que pensaba que hoy solo iría a ver el recuento, y he ido a votar; y si he votado, no ha sido para ver cómo las urnas estaban medio vacías, sino porque, a pesar de perder la gran ilusión que era para mí hacer uso de los logros que la generación de mis abuelos consiguieron tras mucho luchar, quería precisamente ejercer esos mismos derechos, y no decepcionar a quienes lo lograron. Aunque realmente no tenía ningún otro motivo para ver unas mesas que veré dentro de otros seis meses: a la cuarta va la vencida; lo digo por mí, que en tras apenas cuatro elecciones en mi vida, ya me siento cansado, y, sobre todo, defraudado, cuando antes me sentía extasiado al ir a votar.

Me alegra mucho vivir en un país democrático -¡cómo no me va a alegrar!-; pero si no tengo a ningún candidato que represente lo que yo siento, no tengo a nadie para votar, y eso es muy deprimente… El color de mi sangre no ha cambiado, pero sus glóbulos al parecer sí. Y aun con todo he votado… Curioso, ¿verdad?; ¿os digo a quién he votado? A mi voz, a mi corazón; al arte de la verdad.

Claro que me da pena decir estas cosas; pero más pena me da el haber llegado a decirlas, y mucha más pena lo que diré a continuación, y que nada tiene que ver con esto, porque no quiero hablar de política; ni siquiera pretendo poner aquí lo mismo que hoy, mañana y todas las semanas siguientes van a decir y decir y decir y decir los numerosos "especiales" que harán en la televisión: me aburre ya la seducción política, y, sobre todo, me cansan los intereses de la televisión: me pregunto una cosa, ¿siempre ha sido así? Yo ya no me acuerdo de las mañanas, las tarde y las noches sin política... ¿Antes era igual? Lo pregunto en serio; no voy a hablar solo yo, si alguien quiere contestar, está en su derecho de expresar su opinión. ¿Cómo es posible que la televisión que ahora hace negocio de la corrupción, antes no investigara más, y nos lo hubiera revelado mucho antes, para ahorra mucho más dinero?

Pero bueno... ¡Se acabó! Ya he dicho que hoy no quiero hablar de nada de política, o, por lo menos, mi pretensión no es hacer el mismo artículo de siempre...

Y aún con todo, la verdad es que está muy relacionado esto último con lo que pretendo mostrar en este comentario, ya que la televisión habla de lo que quiere hablar y cuanto quiere hablar… ¡Faltaría más! Lo que ya incomoda es que decide lo que debemos debatir en cada momento, y cuando ve que ya cansa o ya no funciona televisivamente, pone fin; y si la en la caja tonta ya no hablan de eso, el pueblo ya no habla de eso: porque si hay un atentado, allí están los periodistas para comunicar la desgracia humana, eso sí, durante un par de días, luego ya nada; porque si hay guerra y refugiados, allí están los periodistas para hablar de humanidad y moral y respeto y de integridad, eso sí, durante un par de días, luego ya nada; porque si España se juega su futuro, hay que hablar de política y políticos hasta más no poder (40 años de dictadura, y después, Transición; 40 años de democracia, y tras las elecciones 12+1, ¿Transición? Porque yo solo veo a los mismos perros con distinto collar). Y me da la sensación de que esto también puede suponer una generalidad:

Como aragonés, y, mejor aún, como amante de la Historia, no puedo evitar empezar con una curiosidad -más que lección- histórica, acerca de por qué Cataluña o Valencia son Generalitat, y muchos no lo conocen: las generalidades eran impuestos que se establecieron en la Corona de Aragón para regular el tráfico, el comercio y el paso por las fronteras. Tal vez a estas alturas muchos de los que ya conocen este blog sepan por dónde van los tiros; sin embargo, vayamos por partes: me gustaría poner un simple ejemplo, que creo que en algún otro artículo ya lo he puesto, y refleja muy bien lo que trato de introducir: los países del Norte -de Europa, por supuesto, porque esto también supone una generalidad, al establecer un eurocentrismo del que no nos echan ni con fuego- han desarrollado la firme idea de que los países del Sur, del Mediterráneo, en definitiva, los PIGS, son más fiesteros y menos trabajadores que el vino que tiene Asunción, mientras que los países nórdicos trabajan de Sol a Sol, y jamás -¡jamás!- han probado la paella ni se han tirado de una ventana a la piscina del hotel, porque eso es de salvajes sureños.

Bien, en esa afirmación se establece una generalidad que quisiera desmentir, o por lo menos especificar, ya que un país en sí mismo no puede ser ni fiestero ni trabajador, ¿o acaso os imagináis a la Puerta de Brandenburgo picando piedra? ¿O que la Torre de Pisa está así porque tiene resaca? No. Establecer una visión sobre un país constituye decir que todo ese pueblo y su cultura entran dentro del mismo saco, sea bueno o malo; de esta forma, ni Inglaterra fue la principal ideóloga de la Leyenda Negra, por ejemplo, ni España fue una "asesina" por completo: dentro de cada uno de esos países hay "paisanos", es decir, muchos ingleses verían a España como un modelo idílico, y dentro de España también hubo muchos críticos contra sus actos, como Bartolomé de las Casas, uno de los primeros en señalar el mal que los españoles -no España- hacían en América.

Dentro de las generalidades hay individuos; personas que tienen su propia visión, su propia forma de actuar, sus propias discrepancias con el lugar en el que se encuentran: englobar a todos en uno supone un error.

Es ahora cuando ya puede hacer aparición la "actualidad"; es ahora cuando se supone que debería dedicar hojas y hojas a la política de los últimos días, pero no. Voy a dedicar mis esfuerzos en rememorar el terrible atentado de Bruselas, aunque no analizando pormenorizadamente los movimientos de los terroristas, la hora con los minutos y los segundos a la que detonaron las bombas -y digo bien: los informativos sacaron esta insulsa información cuando apenas analizan la vida de los parados, los sin techo o los refugiados-, etc., etc., etc.
En este sentido resultó irónico observar a muchas personas -que no todas- criticar a las televisiones por hablar el mismo día del atentado (es verdad que los días posteriores ya cansan) de lo ocurrido en Bruselas y quitar la programación habitual, llena de elementos intelectuales y que cultivan nuestro espíritu y nuestras mentes, al ver a jóvenes con más brazo y pecho que cabeza pelearse por un "trono" lleno de vergüenza, pero, eso sí, lleno de oportunidades, dinero y desnudos totalmente justificados en las revistas -sí; hablo de los que se quejaron en su momento por que Mujeres y Hombres y Viceversa fue cancelado para dar la noticia del atentado de Bruselas. Pero que nadie me critique por hacer esta crítica, porque seguramente a estas alturas ni siquiera se recordaba este atentado, y, además, es lógico que me queje de que haya gente que se preocupe más de modelitos insultantes que de un ataque contra la civilidad y la ética-.
En fin, dejando a un lado este tema, el atentado de Bruselas supone una deriva más en el descenso vertiginoso que la humanidad está viviendo, pero también lo es el que muchas personas miren hacia otro lado, hacia Oriente, para ver las causas íntegras de estos ataques, exculpando a Occidente de todo tipo de responsabilidad: efectivamente, Occidente es inocente, como también lo es Oriente; porque la geografía no mata. No son, en cambio, tan inocentes algunos -que no todos- occidentales como algunos orientales, ya que los primeros se metieron en el territorio de los segundos en busca de oro negro, y lo que pasara con los demás está de más, ¿verdad? ¡Claro! Ahora que hay guerra y destrucción allí, solo nos preocupamos de ello cuando ese terror se ciñe sobre nuestro territorio, mientras tanto giramos las cabezas y a dormitar.
Sé que esto supone generalizar, como también sé, o necesito saber, que no todos hacemos esto, y realmente nos preocupamos de estos asuntos, aunque ocurran mucho más lejos de lo que nos movemos habitualmente, pero eso es lo que caracteriza la solidaridad.


Bien, como os habréis fijado, estoy hablando de un asunto que ocurrió hace ya tres meses, demasiado tiempo para los debates televisivos, pero apenas es una milésima de segundo en la deriva humana.

Pero no va a ser el único de los asuntos que trate en este 26J, ni el único espacio ni tiempo que vaya a acercar nuevamente a nuestras ajetreadas memorias:
En este sentido, es algo totalmente normal que la gente se manifieste con lágrimas en los ojos en la Plaza de la Bolsa, en la Plaza de la República, en la Plaza del Sol o en la Zona 0; también es normal que en todos esos puntos y en todos esos momentos, distanciados temporal y espacialmente, coincidieran las peticiones de paz y humanidad; sin embargo, ¿es normal que pidamos paz y humanidad cuando no damos ejemplo? ¿Qué diferencia hay entre estos atentados y los que ocurren diariamente en las zonas de guerra? Varias diferencias: para empezar, estos atentados ocupan cuarenta especiales televisivos todos los días durante una semana; la guerra se menciona el primer día, tres segundos, con conexión especial, espacial, pero corta, y ya está. Para continuar, las personas que por estos atentados salen de sus casas para pedir paz y humanidad lo hacen porque quieren, no tienen ninguna obligación; sin embargo, las personas que sufren diariamente la guerra salen de sus casas porque no tienen otra opción, porque a lo mejor no tienen ni casa.

2290 kilómetros... Esa es la distancia entre la Plaza de La Bolsa e Idomeni, territorio del cual son innecesarias las explicaciones, aunque sí son obligatorias las justificaciones. ¿Parece mucho? No; apenas está a la vuelta de la esquina de Europa; de hecho, creo incluso que es Europa, ¿no? Pues al parecer es un punto negro para la humanidad, y dentro de poco esas personas serán expulsadas -¡expulsadas!- hacia Turquía, con un pacto que tal vez consiga que Turquía entre en Europa, pero, en cambio, Europa salga de la moral.
Diariamente mueren personas, ya no hablo de Oriente Medio, sino de los campamentos de refugiados; diariamente vemos cómo niños pierden su infancia, o su propia vida, con enfermedades arrastradas desde sus lugares de origen o infectándose en esos propios campamentos; diariamente vemos a los dirigentes europeos en reuniones en grandes palacetes, comiendo grandes banquetes, y firmando tratados de paz -¡Ja!- en mesas de marfil y cubiertas de oro. No voy a decir nada más.

¿Y ahora qué? Pues ahora más terrorismo, que lo único que consigue es que muchos europeos cambien de asunto de interés, olvidándose de los refugiados, así como conseguir la radicalización hacia el Islam: otra generalidad. Ninguna religión es mala; ninguna ideología es mala; ningún país es malo... Las personas somos las que cambiamos la visión de todos esos elementos:

Tanto el Islam como el Cristianismo rezan la paz y la colaboración, pero del mismo modo algunos cristianos hicieron Cruzadas contra los árabes, y ahora algunos árabes atacan a los occidentales. Europa no es la responsable del desprecio hacia los refugiados; Alemania tampoco... En cambio algunos de la Comunidad Europea, así como la líder alemana, sí que son los culpables; pero no por ello debemos odiarnos y despreciarnos, con un odio generalizado que acabará por destruirnos.

Me resulta muy curioso cómo en los especiales televisivos dramatizan, casi cortándose las venas, tachando de fin del mundo algunas noticias, mientras estas otras las dejan para cerrar los informativos y desea "muy buenos días". Últimamente es el tema del 'brexit', que ligado con lo de los atentados y el populismo emergente, suponen el declive de Europa, la fractura del continente, el fin de la humanidad.
Me resulta interesante ver cómo dedican tanta pena a que Inglaterra salga de Europa, algo que, sincera e históricamente, se veía venir, ya que nunca le ha hecho mucho gozo que hubiera alguien por encima de ella diciéndole lo que debían hacer, a no ser que fuera ella la que se encontraba en el trono superior; y mientras, en la esquina del continente ni siquiera escuchamos a otro país que está deseando entrar y disfrutar de lo que para algunos sí que es un auténtico Paraíso -no voy a opinar sobre ello-; un país lleno de esperanza, aun cuando no ven motivos para ello; un país lleno de ilusión, aun cuando la luz se les apaga... En definitiva, el país de los refugiados nos habla, y nosotros preferimos callar...

Las generalidades que estamos estableciendo territorial y emocionalmente son una humillación: las fronteras que se han impuesto en Europa son odiosas, como también estos odios con los que nos estamos relacionando. Pero a nivel individual también son demasiadas las generalidades, en nuestra memoria, como he tratado de recordar; en nuestro corazón, como he tratado de enseñar; en nuestro silencio, como he tratado de decir; en nuestros actos, como debemos empezar a hacer…

Os voy a pedir una última cosa: pensad; simplemente, pensad, y, lo más importante, pensad por vosotros mismo. Por eso yo no quería votar, porque siento vergüenza de la política -que no de todos los políticos-, que nos dan lecciones; que nos piden que nos movilicemos, pero luego ellos no se moverán, y el sacrificio lo hacemos, y lo haremos, nosotros, mientras piensan solo en haber quién le toca el sillón; que nos piden que reflexionemos la jornada anterior, mientras que el resto de días simplemente acatemos lo dicho... Pero no; yo prefiero pasarme estos días escribiendo esto, y reflexionar el resto del año. Reflexionad; no solo de la política o de la mediocracia; reflexionad sobre todo; sobre si lo que habéis leído hasta ahora -y pido sinceramente disculpas si he cometido algún fallo, he podido ofender a alguien o ha decepcionado a alguien-, tanto en este blog como en cualquier otro sitio, coincide con lo que creéis, o lo que queréis; decid si lo dicho es correcto o falso... Da igual; lo importante es que aportéis vuestra opinión, y no os quedéis jamás callados. No permitáis que os digan qué pensar, qué hacer, o qué sentir; parece obvio, pero ya no podemos estar seguros de lo que es una idea propia o impuesta. Aunque sí sé que esta ha nacido de mí, y os la cedo a los demás: no pongamos generalidades... ¡Rompámoslas!